Miradas al presente

martes, 7 de febrero de 2012
MÉXICO, D.F. (apro).- Lector de todos mis respetos: pues sí, hay que ser un nostálgico sin memoria o un ignorante para creer y más para defender que alguna vez hubo una Edad de Oro en el pasado de la humanidad, o bien, de plano, ser un estúpido de tiempo completo, como se afirma en carta aparecida en este buzón. Por supuesto, así es… pero igualmente es cierto que a estas alturas del partido, en el que las necesidades e intereses de lo social y lo individual están enfrentados para decidir quién de los dos va a ser el ganador, hay que ser ignorante, estúpido o sufrir de miopía, esto es, no poder ver más allá de donde se escupe, para atreverse a decir que la globalidad en que obligadamente respiramos, “es el mejor de los mundos posibles”, como lo hace el que firma la mencionada carta: un hijo putativo del Doctor Panglos. Sí, el firmante de la mentada carta debe padecer de miopía aguda, pues de otra manera no se explica que viendo la marcha de la humanidad como un progreso constante y él mismo como una superación de la horda primitiva, la esclavitud, el servilismo medieval y la mejora de los trabajadores –según explica en su misiva- no valore, ni entienda que el mentado progreso que él ve descansa en el dominio y superación de los instintos de los integrantes de la horda primitiva; en la espalda lacerada del esclavo, muerto a latigazos si así convenía su amo; en el humillante sometimiento del siervo al señor de horca y cuchillo, del derecho del caballero feudal de vida y muerte que ejercía sobre sus vasallos, que iba hasta el ofensivo y degradante derecho de pernada. Esto es, a desvirgar a la sierva en la noche de bodas de la misma -¡curioso!: no hay noticia de que algún concilio de los jerarcas de la Santa Madre Iglesia pronunciara anatema sobre estos abusivos derechos ejercidos por los señores feudales sobre sus hermanos siervos, ¿sería por la creencia de que el poder, como todo, sólo puede venir de Dios?-. Otra prueba de que el firmante de la mencionada carta no ve tres en un burro, es cuando escribe que el progreso humano se debe principalmente a la ciencia, la técnica y a una minoría que sabe hacer más cosas y mejor, o sea, a la iniciativa privada…¡precisamente cuando la iniciativa privada transnacional y sus servidores, los tecnócratas, son los principales autores del desastre ecológico que nos amenaza, así como del desastre económico, que angustiosamente vivimos a nivel internacional!, ya que sus propuestas de desregular o dejar sin control al mercado y a la circulación del dinero, de privatizar empresas estatales, los recursos naturales tanto renovables como no renovables, como por ejemplo el petróleo, el aumento de la jornada laboral, la contratación por tiempo limitado de obreros para que no adquieran derechos laborales, bajar salarios y hasta despedir trabajadores si es preciso para que no quiebren las empresas para incentivar así la inversión de capitales en nuevas industrias, al tiempo que recomendaron recortar el gasto social en sanidad, educación, techo digno, alargar el tiempo para la jubilación de los trabajadores, rebajar el monto de retiro de los mismos y, a ser posible, desaparecer toda asistencia social y así impedir que los desempleados forzosos se conviertan en vagos subsidiados, propuesta y recomendaciones que, repito, fueron hachas por la minoritaria pero poderosa iniciativa privada multinacional conformadas, puestas en práctica y administradas por los tecnócratas a su servicio, y acatadas, hasta con entusiasmo, por no pocos políticos y gobiernos; estas propuestas y recomendaciones, vendidas como único camino para conseguir un progreso sostenido, insisto, hoy a la vista de todos, están como elementos que han contribuido al desastre ecológico que nos amaga e inquieta y son la principal causa de la crisis económica que tiene al mundo sudando frío y al borde del abismo. Y eso no es todo, pues resulta que esa minoría de la iniciativa privada y sus servidores tecnocráticos están aferrados a que se sigan aplicando esas propuestas y recomendaciones ¡como remedio de lo que las mismas han generado y generan! Y ahí no para la cosa, pues no faltan y más bien sobran políticos y gobiernos que así lo hacen y otros más dispuestos a seguirlas, y, lo peor, también hay particulares, integrantes de masas, que por ignorancia o miopía, como el firmarte de la mentada carta, dispuestos a plegarse a esas propuestas y recomendaciones engendradoras de catástrofes tanto sociales como naturales. Lector de todos mis respetos: así la situación, ¿qué cree que puedan hacer los que no la ignoran, ni padecen de miopía y, por lo tanto no están dispuestos a plegarse, a conformarse con más de lo mismo? Sin más y pidiendo a Dios que lo proteja. UN HIJO ESPIRITUAL DE CANDIDO