Tenemos que hablar de Kevin

martes, 7 de febrero de 2012
MÉXICO, D.F. (apro).- Luego de ver esta cinta, es casi imposible no pensar en frases como: “Los jóvenes de ahora están muy gruesos” o “Ya no hay valores”, y con toda razón, luego de que la cinta Tenemos que hablar de Kevin (We Need to Talk About Kevin) gira en torno a la relación de un adolescente trastornado y su madre, y la imposibilidad de ésta para poderlo controlar. Dirigida por Lynne Ramsey, este filme es angustiante de principio a fin, con imágenes depresivas que desesperan e incomodan; imágenes que parecen no decir nada o bien dicen mucho: son la antesala de algo grave que parece no llegar nunca. Es como Esperando a Godot, de Samuel Beckett, pero a diferencia de ésta, el hado del destino sí se hace presente al final de la historia. Eva (Tilda Swinton) es una mujer bohemia, buena onda, cuyo estilo de vida se transforma de manera radical cuando queda embarazada de su esposo Franklin (John C. Reilley). Así pues la llegada del bebé, Kevin (primero Rock Duer, luego Jasper Newell y finalmente Ezara Miller), duele en muchos sentidos. Y se agudiza conforme pasa el tiempo: Kevin es manipulador y berrinchudo, y, lo peor, es capaz de sacar de quicio a su madre, quien parece no querer lidiar con él. Kevin es un niño diabólico; su madre siente la necesidad de hablarlo con su esposo, pero éste parece no escucharla, y es que finalmente, Kevin es un amor con él pero un monstruo con ella. La construcción de la historia es fabulosa: todo se vive a través de la angustia de Eva por medio de pequeños fragmentos de su pasado que van reconstruyendo los sucesos que la colocaron en una situación prácticamente de miseria. El niño es terrible, pero y… ¿los padres? Tenemos que hablar de Kevin podría parecer una crítica a la pérdida de valores de las nuevas generaciones, pero más bien pone la pelota del lado de la cancha de los padres: ¿Cómo es posible que un niño domine de esa manera a un adulto? ¿Qué está pasando con los padres de Kevin? En defensa de los padres debe decirse que en algún momento, parece que Kevin nació malo, pero hay algunos detalles que se muestran en la cinta que nos indican, en un sentido metafísico, que Kevin sintió, desde el desarrollo uterino, el rechazo de su madre. Tenemos que hablar de Kevin es una cinta que tiene mucho que decir, pero a diferencia de sus protagonistas, ésta sí consigue ser efectiva en su mensaje.

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