La lucha de los cuerpos

martes, 10 de abril de 2012
MÉXICO, D.F. (apro).- Nuevas generaciones de bailarines y coreógrafos mexicanos han establecido una extraña polémica sobre el fenotipo que deben de tener los primeros en la danza contemporánea. Un tanto bizarra, la discusión es muy parecida a la que se estableció en el origen de la danza moderna en el mundo. Por un lado, los pioneros buscaban reflejar los cuerpos de los hombres y mujeres reales, algo obvio después de siglos del estereotipo impuesto por el ballet, en el cual se exigía figuras extremadamente delgadas, casi anoréxicas. En México la polémica establecida por Ana Sokolow, Waldeen, Guillermina Bravo y Ana Mérida, entre otras, establecía la búsqueda de un bailarín “dionisiaco”, con una suerte de cuerpo fuerte, atlético y que mostrara cada uno de los ángulos de la voluptuosidad muscular de un cuerpo firmemente entrenado. Esta perspectiva, por supuesto, era totalmente opuesta a la idea “apolínea” de la danza clásica. El ballet no tenía ni tiene espacio para la voluptuosidad de una princesa con caderas sensuales y pechos en flor. Mucho menos para príncipes muslones y con torsos anchos y marcados. Al paso del tiempo estas dos ideas extremas se han ido flexibilizando. Y si bien la danza clásica sigue exigiendo --particularmente en las mujeres-- una línea larga y de piernas y brazos alongados al extremo, le ha dado un poco más de espacio a bailarines un poco más fuertes y con figura más sólida. Esta apertura se otorga en especial desde que las diásporas cubanas, chinas y coreanas han inundando el mundo del arte de la danza. En México la discusión ha permanecido limitada, la mayoría de las veces a la escasa selección que se hace de los bailarines, particularmente de los varones que en muy pocas ocasiones se dedican profesionalmente a la danza. En un país machista por excelencia es prácticamente imposible tener grupos dedicados al aprendizaje de la danza en las escuelas oficiales. Si se realiza una encuesta fácilmente se puede encontrar que en su mayor parte los varones entran tarde al aprendizaje de la danza y generalmente lo hacen por medio de la danza contemporánea o el folclor. Por lo mismo son muchos los hombres que bailan aún a pesar de no tener las condiciones físicas necesarias y además lo hacen mucho mejor de lo que podía esperarse. De forma paralela, ciertos coreógrafos están mucho más interesados en la pasión de estos cuerpos que en la técnica depurada. La reflexión actual entonces debería estar dirigida hacia el tipo de coreografía que los creadores desean hacer, y el universo que desean reflejar. De esta manera la antigua broma de que los bailarines de la escuela cubana de ballet hacían a sus compañeros quedaría atrás: “Para ser bailarín de danza contemporánea lo que se necesita es ser gordo, feo, bailar horrible y arrastrarse por el piso.” En la actualidad, por fortuna, el espectro es de tal amplitud que permite a creadores como Wim Vandeckeybus de Bélgica, que aprendió a moverse en vértigo correteando gallinas, sea una de las grandes figuras de la danza mundial. -

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