Actualidades escénicas: "Traición", de Pinter

jueves, 19 de abril de 2012
MÉXICO, D.F. (apro).- Enrique Singer, actualmente encargado de la Dirección de Teatro de la UNAM, dirige Traición, del afamado autor británico Harold Pinter, la cual cuenta con temporada de tres meses a partir de febrero en el teatro del Centro Cultural Helénico. La obra comienza con el final de la historia y tiene un sinnumero de saltos en el tiempo que no son precisamente consecutivos. Toda la acción se desarrolla en un espacio cerrado con tres personajes principales, y se divide en nueve escenas que tienen como enlace la relación destructiva: Jerry es el mejor amigo de Robert y amante de Emma, su esposa. El tema principal de la obra es la traición --como lo obvia el título mismo-- pero entra también el tiempo, de época, el recuerdo, el amor y la soledad. La escenografía está compuesta básicamente por dos sillas, una mesa, un sillón, y en las paredes telas donde se proyectan los diversos escenarios creados por animación computarizada. Los elementos multimedia de la obra cumplen la función ya no de escenografía sino de ambientación que buscan representar el espacio en el que están situados, pero la calidad es lamentable. Muestra espacios casi cinematográficos, pero sólo consiguen adornar. El movimiento escénico es pobre y no logra llenar un escenario tan grande. Las actuaciones son planas, con una gran falta de complicidad entre los actores y, por lo tanto, entre los personajes. Sin embargo, esto parece deberse a un error de dirección y no a una falla actoral. Puede entenderse que el estilo es contenido, ya que los personajes están ligados a estrictos cánones sociales. Sin embargo, no hay una búsqueda y se quedan en lo fácil, en el “cliché”. Un acierto es el vestuario, responsabilidad de Mario Marín del Río. Acatado a la moda de los 70, consta de pantalones acampanados, vestidos entallados y sofisticados que realzan el agraciado cuerpo de la actriz y gabardinas que nos trasladan a un espacio frío y lejano. El teatro de Pinter goza de las palabras pero también de los silencios. Sus pausas normalmente evocan a un lenguaje mudo cargado de emociones, misterio y drama. Es la censura del personaje, lo que no pudo o no quiso decir. Sin embargo los escasos silencios en este montaje no dicen nada y no tienen peso dramático. En conclusión, la puesta en escena es una lectura dramatizada en la que los actores momentáneamente se paran de sus cómodos asientos y hacen algo. Creo que no se puede avalar esta clase de teatro sentándonos a escuchar un audiolibro de Harold Pinter con la única justificación de llamarlo “experimento contemporáneo”. Los boletos se encuentran anunciados en la página www.helenico.gob.mx con tres precios: 450, 300 y 160 pesos, sin ningún tipo de descuento, ni siquiera a los estudiantes de la UNAM, a pesar de ser el director parte de la institución. Finalmente, al llegar a la taquilla y pedir uno de los asientos más económicos, se le informa a los espectadores que no están disponibles, ya que “esa zona no cuenta con audio”. (*) Estudiante de Literatura Dramática y Teatro. poninaluna@hotmail.com

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