Una vez más por favor

lunes, 30 de abril de 2012
MÉXICO D.F. (apro).- Una Angelina Peláez deliciosa, elocuente, divertida, en plena madurez histriónica, con la emoción a flor de piel, acompañada por el siempre solvente Arturo Beristáin, ambos conducidos por la impecable dirección escénica de Mario Espinosa, son los artífices de Una vez más por favor, del autor canadiense Michel Tremblay, obra que cumple una breve temporada en el Teatro Jiménez Rueda. Se trata de la más reciente producción de la Compañía Nacional de Teatro, en esta ocasión dentro del ciclo Patrimonio universal del teatro, con la cual llega ya a un repertorio de 25 montajes realizados a partir de que Luis de Tavira asumió la dirección artística de la compañía. Como explica Mario Espinosa en el programa de mano, a partir de objetos y sonidos, un hombre, probablemente el propio Michel Tremblay, invoca no su pasado, sino el recuerdo de su pasado. El recuerdo de una relación poderosa con su madre, quien ha incidido de manera fundamental en su vida (como prácticamente todas las madres), una madre universal, omnipresente y energética interpretada magistralmente por Angelina Peláez. Este viaje, iniciado desde una especie de desván de la memoria, permite al invocante un ajuste de cuentas consigo mismo y regalarle a su madre, a través de la ficción y el teatro, una muerte como ella hubiera deseado. Un ajuste que más temprano que tarde quizá todos deberíamos hacer. Si pudiera resumirse en una palabra, en una emoción el contenido de esta obra, sería conmovedora. El narrador evoca momentos fundamentales y específicos en la relación con su madre a las edades de 10, 13, 15, 18, 20 y 60 años, una madre histriónica, exagerada, amante de la lectura, que comparte y contagia sus manías a su hijo. Elemento central de la puesta en escena es el aparto escenográfico, basado en algunas ideas de Rachel Whiteread, artista visual contemporánea que trabaja con moldes de varios materiales sobre objetos y casas para revelar volúmenes que se convierten en contenedores de tiempo, de memorias olvidadas, las llamadas memorias sin recuerdo. El trabajo de esta artista británica sugirió a Mario Espinosa ideas para descifrar el viaje a través de la memoria propuesto por Tremblay. Como parte de esta escenografía, sobre el escenario se observa una consola antigua, un sofá y una serie de cajas que guardan objetos que son detonadores de la memoria. Además se proyectan imágenes de películas y series de televisión relacionados con momentos importantes en esta relación madre-hijo con la que seguramente muchos espectadores se identificarán. La traducción es de Pilar Sánchez Navarro, la adaptación de Humberto Pérez Mortera, la escenografía de Gloria Carrasco, la iluminación de Ángel Ancona, el vestuario de Estela Fragoso y el diseño sonoro y video de José María Serralde. Las funciones se realizan jueves y viernes a las 20:00, sábados a las 19:00 y domingos a las 18:00 horas, hasta el 6 de mayo.

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