Luto en Nicaragua por la muerte de Tomás Borge

MÉXICO, D.F. (apro).- El gobierno de Nicaragua decretó hoy tres días de luto por la muerte de Tomás Borge Martínez, narrador, poeta y uno de los comandantes del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) que, en 1979, derrocara al dictador Anastasio Somoza. El también político nicaragüense falleció la noche del lunes 30 de abril, debido a una afección pulmonar. Según un dictamen médico, fue un cáncer de pulmón el que lo postró desde el viernes de la Semana Santa. El tributo a Borge, uno de los más recios críticos de la "derecha nicaragüense", se desarrolló este martes 1 en Managua en el Palacio Nacional de la Cultura, donde acudieron cientos de personas. El también exministro del Interior en los ochenta será sepultado al lado del jefe de la revolución sandinista y también del FSLN, Carlos Fonseca Amador, en la Plaza de la Revolución en Managua, cerca del Lago Xolotlán. Aunque a Borge se le ensalza más como político, también se dedicó a las letras. Fue autor de los libros La paciente impaciencia (1989), una obra biográfica hasta 1976, por la cual obtuvo el Premio Casa de las Américas; luego escribió Un grano de maíz, donde ataca a Estados Unidos y a las Naciones Unidas por inmiscuirse en los asuntos internos de Nicaragua. Más tarde sorprendió con el volumen Salinas, dilemas de modernidad (1994), que fue poco conocido en el país. Es una biografía sobre el expresidente mexicano. También hizo la novela El amanecer dejó de ser una tentación. “La última vez que vi a Tomás fue en el Festival de Poesía de Granada en 2010. El quiso rodearse de arte, de poesía; quiso a los poetas, a los escritores. Julio Cortázar, Eduardo Galeano, Juan Gelman fueron héroes suyos. Y en su casa atendió a Mario Benedetti, y hasta a Vargas Llosa, a Graham Greene, a Nélida Piñón. “Borge quiso ser poeta, quiso ser escritor. No importa si al reeditar La paciente impaciencia cambió las historias de sus amigos para negarles lo que en su época heroica les reconoció. Así era él: contradictorio. Ni buen, ni mal ejemplo; era un hombre con sus pasiones y sus maldiciones. Y así vivió”, platicó Gioconda Belli, escritora y exmilitante sandinista. Estuvo en México varias veces como escritor, en Oaxaca, y allí acudió a La Casa de la Cultura de Juchitán para leer sus poemas.

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