Crónica de un breve encuentro con McCartney

lunes, 21 de mayo de 2012
MÉXICO D.F. (apro).- Para cualquier fanático encontrarse aunque sea brevemente con su ídolo es algo especial, sobre todo cuando se le admira por décadas y verlo implica viajar a otro continente. Saúl Rivera Escamilla, vecino del Centro Histórico, tuvo la oportunidad de ver a Paul McCartney y saludarlo por coincidencia a la salida del concierto que ofreció el pasado 10 de mayo en el Zócalo de la Ciudad de México. El ex Beatle Paul McCartney ofreció tres conciertos en su última estancia en la Ciudad de México, uno en Guadalajara y dos en la Ciudad de México, uno en el Estadio Azteca y otro gratuito en el zócalo capitalino, en el que por cierto rompió record al reunir a más de 200 mil personas. .Ese 10 de mayo fue un día normal para Saúl Escamilla, psicólogo de 54 años, quien desde hace más de 30 años es fanático de los Beatles. No tiene paredes repletas de posters ni las colecciones completas de discos, pero conoce con certeza todos o casi todos sus temas. Piensa que ser fan no implica llenarse de afiches si no primordialmente disfrutar la música. Uno de los tesoros que guarda celosamente es el disco de acetato Beatles for Sale (1964), icónica portada donde aparecen los integrantes del cuarteto de Liverpool en un acercamiento, vestidos de negro, con gesto serio e incluye el tema I’ll follow the sun, de McCartney. Esa canción la compuso Paul cuando tenía 16 años y no apareció en ningún disco antes, según sus palabras, porque “no la hubieran considerado lo bastante buena y por eso no la había sugerido”. Ese 10 de mayo miles de fanáticos de Paul McCartney, y en específico de los Beatles, acudieron al zócalo capitalino para ver al artista más por tratarse de una leyenda viviente, miembro del grupo musical más vendido y celebrado desde el siglo pasado a la fecha, que por los temas de su nuevo disco Kisses on the Bottom (2012). Cientos llegaron desde un día antes para ser los primeros en entrar a la Plaza de la Constitución y ocupar un lugar cerca del escenario, los de enfrente estuvieron a poco más de 20 metros del cantante. Desde muy temprano los reporteros de noticieros matutinos recogían las impresiones de los fanáticos que se anticiparon, y orgullosos decían que desafiaron el frío de la madrugada y el sol del mediodía para presenciar en el concierto gratuito. Algunos pregonaban que habían faltado al trabajo, pedido vacaciones o viajado desde diversos estados de la república con toda la familia para ver a McCartney. Saúl Rivera Escamilla salió de su trabajo en las oficinas de seguros Metlife, cerca de Reforma, a las 17:00 horas y se dirigió a su casa. Tomó, como siempre, la línea 2 del Metro y se encontró con que las estaciones Zócalo y Allende estaban cerradas, así que se bajó en Bellas Artes y caminó hasta la calle de San Ildefonso. Desde las ventanas su departamento, se escuchaban los gritos de la gente. Pasadas las 18:00 horas convenció a su esposa de ir al concierto, bajaron por Correo Mayor hasta la calle Venustiano Carranza, dándole la vuelta al Palacio de Justicia para poder entrar por Pino Suárez. Había una fila de mujeres y una de hombres. El concierto inició a las 21:00 horas, McCartney salió al escenario vistiendo un pantalón negro, camisa blanca y saco rojo, “Buenas noches México” fue la frase con la que el cantante inició un repertorio de clásicos de Beatles, Obladi, Olblada,--que interpretó con el Mariachi Gama Mil-- hasta You say goodbye I say hello, Drive my car, Hey Jude, Let it be, Eleonor Rigbye, y Blackbird. Rivera Escamilla lo vio desde la esquina de corregidora y la plaza de la constitución y mucho mejor por las pantallas a los costados del escenario. Su favorita fue Eleonor Rigbye. Al terminar el concierto que concluyó a media noche salió con su esposa. Los miles de fanáticos que asistieron lo hicieron por Pino Suárez con rumbo a la estación del metro del mismo nombre, también por 16 de Septiembre, 20 de noviembre, Madero, 5 de mayo y Allende para buscar el metro más cercano, o al Eje Central para tomar un taxi. Escamilla y su esposa tomaron Corregidora y doblaron por Correo Mayor con rumbo al norte. Justo al llegar a la esquina de Correo Mayor y Moneda vieron un autobús rodando despacio. Cuando se aproximó hacia ellos vieron el saco rojo de McCartney a lo lejos. Paul iba parado al frente del autobús, a un lado del conductor, sujetándose y pegándose lo más que podía al vidrio del autobús tratando de ver como cualquier otro turista, asombrado, los edificios del Centro Histórico. Al pasar cerca del autobús Rivera y su esposa lo saludaron efusivamente, y él en un gesto amable les regresó el saludo de la misma manera mientras les sonreía. Cruzaron el autobús y se fueron a casa algo destanteados por el breve encuentro con McCartney. “Si hubiera llevado el disco de Beatles for sale sí se detenía a firmármelo” dijo el fanático. Unos días después en una entrada del blog del artista, titulada “Paul in México!”, el ex Beatle escribió: “Fue muy emotivo y emocionante que la gente que no pudo pagar para asistir al ‘show´, (Azteca) haya podido venir al Zócalo. Fue como vivir la beatlemanía otra vez”.

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