Paradojas

lunes, 18 de junio de 2012
MÉXICO, D.F. (apro).- Confundidos o ¿hipócritas? hasta el ridículo, humanos: en verdad que me resultan inexplicables y, por lo tanto, comprenderlos y no digamos justificarlos. Lo siento, no puedo hacerlo, ya que sus creencias y decisiones no hacen más que llevarme a la encrucijada de la duda, en la que no sé si tirar por el camino de reírme, el de llorar o el de enojarme por el uso y hasta abuso que hacen de un servidor en esas mismas creencias y decisiones. Ustedes dirán si tengo o no razones para reír y llorar al mismo tiempo cuando veo, siento y compruebo que en esa globalidad democrática, en la que dicen vivir, entre ustedes no faltan –¡curiosos!, ellos son mayormente grandes empresarios– los que defienden con ardor las llamadas instituciones sociales, familia tradicional, propiedad privada, sistema judicial, etcétera, y se indignan, critican y hasta piden que se enjuicie y castigue al que en poco o en nada tiene en cuenta a esas respetables instituciones… Y díganme, insisto, si no es para que llore y ría cuando al mismo tiempo compruebo que esas mismas personas miran con sospecha. Critican y hasta vituperan, ven y exponen como barrera de la libertad y de hecho mandan por un tubo, en cuanto tienen oportunidad, a la Institución de las instituciones: al Estado… Si no es para que ría y llore cuando puedo ver y confirmar que no pocas veces, esas mismas personas –los empresarios y los ideólogos a su servicio– en cuanto están en problemas, en situaciones que afectan a sus muy particulares intereses y privilegios, no vacilan en invocar e incluso exigen que ese mismo Estado tan denostado por ellas las saque de las dificultades que su inexperiencia o ineptitud, ambición o debilidad les han metido. ¡Qué situación! ¿No que los empresarios de la iniciativa privada saben hacer más cosas y mejor que nadie? Y lo hasta aquí expuesto no es todo. Tengo otros motivos para la risa, el llanto y enojarme cuando asimismo compruebo que ese mismo Estado tan criticado, vilipendiado e incuso maltratado por la iniciativa privada, por los capitalistas, corre hasta ir perdiendo su propia sombra para auxiliar a los que así lo tratan, corre, digo, a rescatar de la quiebra a bancos, compañías aseguradoras, es decir, a los dueños de las mismas, a inversionistas en quiebra en carreteras. Ingenios azucareros por ejemplo. Rescates que se han cargado a deuda del Estado y han llevado a la reducción de las pensiones y las prestaciones sociales y a los aumentos e impuestos y, por si eso fuera poco, en no pocos países del planeta se están llevando a cabo, por parte del Estado, reformas laborales que, con el pretexto de conservar fuentes de trabajo, mayormente contribuyen a favorecer a las empresas y hacen más precaria, dura y angustiosa la vida de las mayorías, en especial de los trabajadores. Estos hechos y otros parecidos, a su servidor, de virtud imprescindible que soy para la mejor convivencia entre ustedes, los humanos, me están convirtiendo en comodín al servicio de las conveniencias del que me usa. Eso enoja. Aquí podría terminar la presente, pero no, no lo haré, ya que considero, por el bien de ustedes y, ¿por qué negarlo? de su servidor, bueno será que por lo expuesto hasta el momento reflexionemos sobre lo que es el Estado. Como no ignoran –¿o sí?–, al respecto existen tres teorías básicas: para unos, el Estado es una institución en sí y para sí que a todos perjudica y explota en su propio beneficio y al cual hay que destruir, posición anarquista; para otros, es una realidad jurídico-política de un grupo o clase social dominante, pues de hecho consideran que la sociedad está dividida en grupos o clases –los que mucho tienen, que son los menos, y los que poco o nada tienen, que son los más, los menos que explotan a los más– que luchan para alcanzar el poder y que lo utilizan, una vez alcanzado, en provecho propio, posición comunista y socialista; para otros más, el Estado es un instrumento de integración social y de soluciones para los problemas colectivos, pues para esta teoría los grupos sociales no son irreconciliables y existe el instrumento integrador, que armoniza y sirve por igual a todos: el Estado, posición liberal. Y termino: ante la situación de crisis financiera, desempleo, pobreza, recortes en lo social y rescates multimillonarios de empresas privadas, hechos de la globalidad en que viven, ¿cuál piensan ustedes, confundidos humanos, es el Estado en el que les ha tocado respirar? En espera de que no respondan con hipocresías alimentadas por sus miedos o por sus muy particulares intereses, queda de ustedes para lo que gusten y manden la virtud imprescindible para la mejor convivencia entre ustedes. EL RESPETO MUTUO

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