Música: "Nabuco" en Bellas Artes

miércoles, 20 de junio de 2012
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Por fin después de 18 años se vuelve a presentar la ópera Nabucco (1842) de Giuseppe Verdi (1813-1901). El libretista Temistocle Solera dispuso que en la primera escena el público viera el interior del templo de Salomón en Israel. El pasado domingo 10 de junio de 2012, al levantarse el telón, vimos un salón con escalinatas al fondo, un cafetín a la izquierda donde escribe un personaje ataviado a la usanza del siglo XIX, y a la derecha un piano vertical y una oficina de vestuario. El público se pregunta: ¿dónde está el templo de Salomón? El absurdo escénico comienza, se acrecienta a ratos y termina convirtiéndose en una pesadilla; ni el vestuario ni la escenografía tienen nada que ver con lo dispuesto por los autores. ¿Qué estamos viendo? Una fantasía de Luis Miguel Lombana, supuestamente basada en la ópera de Verdi. El descontento en el público produce comentarios, risas, discusiones, y al final un abucheo de algunos al “director” de escena. Actualmente se vive una doble moral en la ópera, donde en la parte musical no se tolera ninguna alteración o cambio, por mínimo que sea, en la partitura, pero el director escénico se toma la libertad de cambiar y degradar hasta lo grotesco el libreto. ¿Por qué? Ambos, la una y el otro forman una unidad indivisible. Este vicio no es nuevo y se ha generalizado en todo el mundo, alejando al público de la ópera y el cierre definitivo de teatros. Pero se puede erradicar muy fácilmente: se le encarga a un regista la dirección de una ópera, se le pide un proyecto, y si éste no es bueno, si denigra la obra, no se le acepta y así de sencillo. Ese horror que se presentó en Bellas Artes necesariamente contó con el visto bueno de quienes hoy día son cómplices. La pesadilla duró tres actos. Al margen de si las ideas de Lombana eran buenas o no, lo que se prometió al público era el Nabucco de Verdi-Solera y se entregó una caótica “obra teatral” de Lombana, durante la cual los cantantes interpretan Nabucco de Verdi (Solera ya quedó borrado). La gente pudo exigir la devolución de su dinero. En el cuarto acto el vestuario y la escenografía ya son del Nabucco y todo encaja en su lugar. ¿Por qué no lo hicieron así desde el principio? Una puesta escénica muy compleja, sucia, fallida, donde nada corresponde con nada, donde el regista Lombana, en vez de dirigir Nabucco, ideó una obra propia y a ella se dedicó. ¿Con qué derecho? ¿quién le dio luz verde? Debieron anunciarlo así: Ópera de Bellas Artes presenta: “Disertaciones de Luis Miguel Lombana sobre el Nabucco de Verdi.” Nadie habría ido, pero hubiera sido honesto, pues el que avisa no traiciona. Y en cuanto a la música, bien en general todos, aunque a la soprano Elena Pankratova le falló la voz y el aire en su aria y cavatina, cortó frases y rompió el legatto, y es que canta todo el tiempo con demasiada fuerza; preferible la mexicana Bertha Granados, que canta el mismo personaje. Genaro Sulvarán bien, pero le pesa la tesitura del personaje. Noé Colín todo muy fuerte, pero lo aguanta, falta legatto verdiano, es un gran bajo. Sorprendió muy gratamente el tenor Carlos Arturo Galván. Al director concertador Niksa Bareza se le notó ya cansado, “chambero” y que no aportó nada sobresaliente, hubieran invitado a Enrique Patrón de Rueda o a Fernando Lozano.

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