Culhuacán, nuevo "barrio mágico"

MÉXICO, D.F. (apro).- El próximo jueves 7, el Gobierno del Distrito Federal y la delegación Iztapalapa declararán “barrio mágico” al pueblo de Culhuacán, considerado el asentamiento humano más antiguo del Valle de Anáhuac, fundado hace mil 342 años. Culhuacán posee una gran riqueza patrimonial, histórica y cultural, como el ExConvento y los vestigios del Molino de Papel, la primera fábrica de papel construida y operada en América Latina. Además, destacan sus carnavales, la charrería y numerosas fiestas, entre ellas la de la Santísima Trinidad. La Ciudad de México cuenta con sitios turísticos y culturales notables, como el Centro Histórico, La Villa, Xochimilco, Polanco, Chapultepec, San Ángel y Coyoacán, reconocidos a nivel mundial, aunque se desconocen atractivos turísticos como el de Culhuacán. La delegación Iztapalapa aprovechó el Programa Barrios Mágicos, de la Secretaría de Turismo del Gobierno del Distrito Federal, para conformar un corredor turístico que incluyera a Culhuacán y el Cerro de la Estrella, y fortalecer de esa manera la recuperación de espacios históricos, tradiciones vivas, plazas y paisajes de la delegación, con el propósito de que sean reconocidos, visitados y admirados. Además, con ello se enriquecerá la oferta en beneficio de los turistas y los habitantes de Iztapalapa. Historia La zona de Iztapalapa tiene más de 3 mil 500 años, cuando empezó a poblarse la zona adyacente al Huizachtépetl (Cerro de la Estrella), que ofrecía condiciones óptimas para los cazadores y recolectores que llegaron a la cuenca de México. Era una región privilegiada por la gran cantidad de ecosistemas que poseía, ya que se trataba de una península rodeada en gran parte por los lagos de Texcoco, Chalco y Xochimilco. Varios cronistas narran que es el primer asentamiento humano en el Valle de Anáhuac, de donde salió el primer gobernante del Imperio Mexica, Acamapichtli. Culhuacán significa “Lugar de Culhuas” o “Cerro Encorvado”, esta última interpretación alude al bastón de Quetzalcoatl y, por lo tanto, a la sabiduría de los ancianos. Era considerado un lugar místico y centro depositario de muchas tradiciones prehispánicas. Inclusive se han encontrado muchas evidencias arqueológicas que pueden apreciarse en el Museo del ExConvento de Culhuacán, de ocupación continua desde los años 300 hasta 800 después de Cristo. Entre los años 600 y 800 después de Cristo, Culhuacán mantuvo una importante relación con Teotihuacán; más tarde se convirtió en la primera capital de filiación Tolteca-Chichimeca que dominó una buena parte del sur de la cuenca de México. Junto con Tula y Otumba, Culhuacán conformó el núcleo del Imperio Tolteca hasta su decadencia, alrededor de 1100 después de Cristo. Ante el poderío que cobraron Azcapotzalco y Texcoco, Culhuacán se sujetó al dominio que logró en todo el Valle el naciente imperio de México-Tenochtitlan, a partir de 1400 después de Cristo. No obstante, los propios mexicas reconocieron el linaje Culhua y el valor simbólico del lugar, a grado tal que realizaron por lo menos tres ceremonias de Fuego Nuevo (ciclos de 52 años), así como el culto a Tlaloc y a otras deidades. A la llegada de los españoles, el pueblo de Culhuacán fue seleccionado como uno de los centros con mayor trascendencia y tradición religiosa, por lo que ahí los frailes agustinos edificaron en el siglo XVI, en la década de 1560 al 1570, un gran centro evangelizador, el Convento de Culhuacán, donde se estableció un seminario de lenguas que durante más de cien años preparó a los religiosos en el aprendizaje de lenguas indígenas y a los habitantes de los pueblos originarios en el dominio del castellano. Dicha labor requería papel en abundancia, que escaseaba en la Nueva España y tardaba meses en llegar de Europa. Por ello, muy cerca del Convento se construyó el molino que producía papel a partir del maguey. La fabricación del papel se hizo con materias primas propias de la región: fibras de algodón y maguey. El molino aprovechaba un ojo de agua al que se le construyó una noria y un acueducto para conectarlo a un estanque dentro del Convento, que aún existe. El ExConvento de Culhuacán posee una gran riqueza en pintura mural, que aún puede apreciarse en los frescos realizados en ambas plantas, que además de los temas religiosos muestran la maestría de la mano de obra indígena. El convento funcionó hasta 1756, cuando la corona española quitó gran parte de su poder a las órdenes religiosas. Se convirtió en casa parroquial y con el tiempo sus usos se diversificaron (catecismo, sede de mayordomías, cuartel zapatista, entre otros), pero después se deterioró. Fue declarado monumento en 1944 y comenzó su restauración. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) creó en 1995 el museo de sitio. Cuenta con un acervo que se obtuvo en las zonas aledañas al inmueble y abarca desde el origen del señorío autónomo Culhua (700 después de Cristo) hasta la llegada de los españoles. Durante el señorío mexica, Iztapalapa formó parte de la Confederación Nauhtecutzin (cuatro señoríos), junto a los pueblos de Culhuacán, Mexicalzingo y Huitzilopochco (ahora Churubusco). Con el apoyo del Programa de Barrios Mágicos se rescatarán y consolidarán lugares como el Molino de Papel, la Escuela Gustavo A. Madero, además del mercado, el kiosko, la fuente, calles interiores y el tramo de la calle Morelos, que va de la Avenida Tláhuac a Jacobo Watt, por la Cruz Parroquial.

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