Las simples cosas de José Rivera

martes, 5 de junio de 2012
MÉXICO, D.F. (apro).- Desde que fundó La Cebra Danza Gay en 1996, José Rivera tomó la opción de hacer militancia a favor de la homosexualidad, bisexualidad y los transgénero. Alumno de Raúl Flores Canelo, Rivera entró de lleno a la danza nacional con un discurso provocador y en ocasiones literal para mostrar la parte mórbida y sombría de su propia realidad. Pero además de hacer la militancia gay, también optó por hacerse de un discurso dancístico y teatral que le procurarán la posibilidad de abrirse las puertas como creador de altos vuelos que no acepta presentarse en espacios que no sean estrictamente culturales ni permite que sus obras sean vistas desde la perspectiva del morbo ni del espacio escondido. En cambio, José se construyó su propio espacio dentro de la danza contemporánea independiente, en el que homosexuales, heterosexuales y bisexuales conviven alegremente bajo el fin de adaptarse a la concepción coreográfica que José impone en su trabajo. Las simples cosas, coreodrama o teatro corporal es un ejemplo de su audacia y temeridad para abordar con los mínimos recursos una sátira sobre sí mismos y sobre los bailarines que lo acompañan. Con música de Chavela Vargas, Rivera se exhibe como un bailarín y creador maduro, dominante, envidioso, ladino y extraordinariamente cómico. Formado en las filas del Ballet Independiente, su dominio de la técnica Graham es evidente, lo mismo pasa con el ballet, pero lo que en realidad le divierte más es la exposición pública de ciertos aspectos políticos y socio culturales del país. Y con ello se convierte en un descendiente directo de la carpa y el cabaret, pero con un estilo técnico y una arrogancia a base del entrenamiento que muchos coreógrafos profesionales convencionales no han logrado jamás. Y tal es su éxito que llena los teatros no sólo de gays sino de familias completas de clase media y decenas más provenientes de clases populares que están dispuestas a pagar ya a seguir como trashumantes las presentaciones del artista de 44 años, Mi prima la operada, secuencia en movimiento para travestis fue realizada apenas unas semanas para ser parte del reality de danza contemporánea Ópera Prima Danza Contemporánea que el próximo fin de semana llegará a su fin. Preocupados, algunos integrantes de la producción del Canal 22 le mandaron decir a Rivera que tuviera cuidado con lo que hacía porque el programa es familiar y pasa por un canal cultural a nivel nacional. Con su modo decisivo Rivera fue contundente y le dijo a Ruby Gámez, parte del equipo de producción, “que primero le dijera quiénes eran la producción para ir a hablar con ellos y en segundo lugar para qué lo invitaban si ya sabían lo que suele hacer”. No hubo quien le saliera al paso y para su presentación sacó al escenario a los bailarines en plataformas, ligueros ellos y ellas a manera de dominatrices para hacer un sketch en el que hacían pasarela, coronaban a una reina para luego tirarla del escenario. El éxito fue mayúsculo y desde ese día, durante los nuevos programas de Ópera Prima la gente grita en el Teatro del Centro Nacional de las Artes “queremos a La Cebra”. Rivera, vestido con un minúsculo short con el letrero fuck, una ceñida camiseta y en chanclas responde desde su butaca “a güevo” impávido. Rivera se pasea por todo el teatro mientras le piden autógrafos, serio y formal en su trato amablemente se toma fotos con quien él quiere y los bailarines del reality han señalado su interés en trabajar con él, por su audacia y temeridad. Habría que revisar el fenómeno de La Cebra Danza Gay, de las llamadas “cebritas” y de la importancia que tienen en el medio de la danza nacional. Sus propuestas son insólitas y transgresoras. Sólo un ejemplo: la coordinación nacional de danza seleccionó a La Cebra para cerrar las funciones de danza contemporánea el Día Internacional de la Danza, pero no tenía presupuesto para pagarle a nadie. Rivera aceptó y ese día al terminar su presentación le dijo al público que Teresa Vicencio no le quería pagar a los bailarines: “Ustedes qué creen, mi trabajo vale o no la pena” le dijo al público. Y ante el entusiasmo bajó a sus bailarines con alcancías de diez pesos a pedir una colaboración. Juntaron cuatro mil pesos y se fueron felices a cenar.

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