Medios

martes, 5 de junio de 2012
MÉXICO, D.F. (apro).- ¡Ah!, en verdad que regocija ver a tantos de ustedes, humanos, y en diversas partes del mundo, luchando denodadamente, como el doctor Frankenstein, contra una de sus creaciones como especie, por lograr que los medios de comunicación no únicamente sean medios de diversión, de espectáculos, sino que también sirvan para otras cosas. En primer lugar, estimados lectores de la presente, mi saludo y solidaridad con los que están y se manifiestan por que los medios sirvan para lo social, para la ciudadanía; para todo ciudadano, sobre todo a los más jodidos, que no pocas veces saben, por lo que no pueden explicarse, por qué están como están y, en consecuencia, no saben qué hacer para ir saliendo de la dramática situación en la que se van ahogando. En segundo –espero que se me perdone la osadía--, la misma es para refrescarles la memoria a los que no ven más, defienden, usan, y hasta abusan e incluso imponen los medios como negocios, decisión y hecho que no es, al cabo de las cuentas, más que una ideología: la de la visión empresarial de la historia, a la que nada más le interesa, persigue y se rige por un único principio: la máxima rentabilidad a cualquier precio en lo que sea y como sea. Sí, no todo empresario es así, pero de que los hay, los hay. ¿O no es cierto? Si es verdad, como proclama la iniciativa privada, que ella es la que más cosas sabe y mejor sabe hacerlas, declaro que no me explico las razones de los empresarios que se dedican a los medios con una visión tan estrecha de verlos nada más como negocios y al mismo tiempo pretenden y reclaman que se los considere como encarnación de la libertad, la honestidad y la verdad, sin para nada tener en cuenta las advertencias y conclusiones de estudios de los mismos, como pueden ser A.D. Lasswell, U. Eco, D. Lane, G. Sartoris, N. Luhmann, por citar algunos, autores todos –quien más, quien menos--, coinciden en que los medios de comunicación no siempre lo que ponen en circulación es la verdad, ya que los mismos pueden –y lo hacen no pocas veces-- hacer uso e incluso abusar de la falsedad, el engaño, la simulación, de tal manera y modo que hasta la verdad de los hechos, la objetividad del tratamiento de los mismos pueden formar parte de la pretendida verdad de tales medios. ¿Cómo puede tener lugar tal alquimia contradictoria? Los estudiosos de los medios antes citados se lo explican del siguiente modo: haciendo pasar por una criba, cedazo o tamiz, como quieran llamarlo, la realidad de los hechos para seleccionar lo que se quiere comunicar, de lo que se quiere o debe guardar en silencio, haciendo con ello una agenda de conveniencias y así esta comunicación seleccionada, manipulada, se hace pasar como la verdad completa, lo que en poco o nada puede ayudar y, en caso extremo, bien puede contribuir a la destrucción y sustitución de la memoria de la verdad de los hechos. Al respecto, bueno es recordar aquí lo que dijo el checo Milan Kundera: la lucha de los hombres contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido. Así las cosas, ustedes, estimados lectores, dirán si es o no cierto que los humanos sin memoria son los que más fácilmente pueden convertirse en marionetas para, a través de ellos, conseguir y hasta imponer cualquier cosa, lo que quieran determinados grupos de poder… por medio, por supuesto de medios democráticos presuntamente libres, objetivos y honestos. Ante esta situación lamentable, por contradictoria, por confusa que se puede dar, y se da no pocas veces en los medios de comunicación, es lógico que se pregunten quiénes son esos guardianes, esos celadores de la verdad íntegra y objetiva de los hechos. Estudiosos de los mismos hay, y no son los menos, que consideran que lo son esos dueños de los mismos que los ven ante todo y sobre todo como negocio, como medio para hacer más y más dinero… y el poder y privilegios que da el mismo… así como los achichincles que se alimentan en los comederos de tales medios de comunicación. Ante estas verdades, cierro la presente expresando mi admiración y solidaridad a todos los que, de una manera u otra, en diversas partes del planeta, se están manifestando por su legítimo derecho a manifestarse donde quieran, cuando quieran y siempre que sea necesario al bien común, y en contra de los intereses y privilegios de ese poderoso 1% de la población mundial que mencionan los ocupas de Wall Street. De ese 1% que puede –como tantas veces ha hecho en el pasado y hace en el presente-- hacer de su servidora, en vez de un elemento de acercamiento para ustedes, los humanos, para que se comprendan, respeten e incluso fraternicen, me usa, siempre que convenga a sus muy particulares y exclusivos intereses y privilegios, para separarlos, para que rivalicen e incluso entren en conflicto, por aquello de “divide y vencerás”. Con sincero afecto. LA COMUNICACIÓN

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