Delfos, veinte años

lunes, 16 de julio de 2012 · 22:46
MÉXICO, D.F. (apro).- En ciertas ocasiones los integrantes de la compañía Delfos Danza Contemporánea despiertan una vaga sensación que se confunde entre la admiración y la envidia. Es como si vivieran en un mundo perfecto diseñado especialmente para ellos. Por ejemplo, si bien las instalaciones de la Escuela de Danza Contemporánea de Mazatlán no son ni las más apropiadas ni las más bellas, cuando se entra ahí se respira danza. En uno de los salones se puede ver una clase complicadísima de ballet con una experta maestra de origen cubano y en otro, una sesión de jazz impartida por Agustín Martínez en la que los alumnos sacuden las caderas de forma sexi, hacen giros espectaculares y gritan apasionadamente. Los estudiantes además, seguros de su naturaleza, se visten y desvisten a la vista de todo mundo para quedar en mallas o en prendas diminutas que remarcan su esbeltez, las líneas de sus torsos, cuellos y las largas y fuertes piernas que nunca paran de estirar en el piso, escaleras o bancas. Serio y muy en su papel de director, Omar Carrum, coreógrafo y bailarín de la compañía explica a sus alumnos cómo trabajar las rodillas a partir de un libro especializado para atletas de alto rendimiento y Claudia Lavista dirige un ensayo mientras sin darse cuenta baila sin parar. Como el calor es insoportable los bailarines siempre están empapados y se limpian con toallas para seguir las instrucciones. Víctor Manuel Ruiz es el más serio de todos, les habla de usted a los muchachos y es estricto en lo que pide, si bien dice que se ha retirado como bailarín se mueve con una rapidez que sus alumnos no logran. Sin perder el aliento habla suavemente y destaca por su estatura de más de 1.80 y no puede evitar que se note que nació para bailar y que por algo fue seleccionado por la compañía Danzahoy de Venezuela --cuando era una de las mejores del mundo-- para bailar con ellos. Los ensayos de la compañía son aún más excitantes, Johny Millán es sin dudarlo uno de los mejores bailarines del país. Sus tesituras técnicas en la danza contemporánea se combinan con complejos pasos de hip hop y ondulaciones del reguetón. Poco visto en la Ciudad de México es rápido, ágil y de memoria instantánea. Xitlali Piña, a su vez descolla por la fuerza de sus piernas, su tono moreno y porque se mueve salvajemente a pesar de tener una personalidad silenciosa, tranquila y poco beligerante. Todo parece marchar perfecto, Aura Patrón con sus rizos deslumbra por su belleza, Suri Lavalle por su cara de niña buena y todos se ven sanos y felices. Sus casas se encuentran en el centro de Mazatlán, tienen tiempo para ir a la playa y broncearse. Comen delicioso y generalmente tienen maestros invitados con los que comparten durante la tarde o en la noche. Son una comuna insólita dentro de un centro turístico para vacacionistas que repletan la zona dorada y que no se enteran fácilmente que ahí reside una de las mejores compañías de danza contemporánea del país. Pero lo que se ve tan plácido y hecho a la medida es una labor cotidiana infernal. Si bien los integrantes del grupo desearían pasar el tiempo paseando, invierten una buena parte de sus energías buscando funciones, intercambios artísticos y la posibilidad de bailar en el extranjero sin descuidar la escuela que tanto trabajo les ha costado forjar. Incluso se cuenta que en una ocasión Omar Carrum estaba tan desesperado por completar los informes de México en Escena del Fonca que pateó una puerta hasta romperla. A menudo son víctimas de la burocracia estatal que decide dar o quitar presupuesto según el mínimo conocimiento que tienen de las artes. La sobrevivencia de la escuela se sostiene en magros sueldos mientras que los de la compañía son obtenidos con apoyos de Conaculta. Así que la placidez y tranquilidad de vivir en un puerto alejado de la capital no es el ambiente en el que el grupo vive, más bien parecen haberse llevado a la Ciudad de México con ellos por el aceleramiento y la presión con la que trabajan. Tal vez así es que han llegado a su cumpleaños número veinte. Tenacidad, y decisión es su constante. No paran nunca de trabajar. La celebración incluye una temporada en el Teatro de la Ciudad y la develación de una placa en el Palacio de Bellas Artes.

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