Litoral

lunes, 16 de julio de 2012 · 22:27
MÉXICO D.F. (apro).- El rescate y reconstrucción de la memoria como elemento fundamental de la identidad es, sin duda, uno de los elementos centrales de la dramaturgia de Wadji Mouawad en su tetralogía La sangre de las promesas. Así lo podemos confirmar en la nueva versión de Litoral, puesta en escena de gran poder poético evocativo, dirigida por Hugo Arrevilaga. La dupla Mouawad-Arrevillaga vuelve a plantear preguntas fundamentales en torno a la vida y la muerte, el amor y el desamor, el bien y el mal, la libertad y la esclavitud, pero, como afirma el propio autor, más que respuestas busca dar un nuevo sentido a las palabras y sentimientos grupales de la tribu. “Litoral --afirma Mouawad-- nació de ese deseo, de esa necesidad de volver a encontrar el más pequeño denominador común de nuestra humanidad para poder encontrarse los unos con los otros y encontrar en el otro un sentido a esa angustia que nos invade a todos. “En un mundo occidental donde reina una creciente irresponsabilidad ante las palabras y los símbolos, el teatro puede, como cualquier otra forma de belleza, volverse un espacio donde el despertar aún es posible, donde todavía está permitido escapar, juntos, espectadores y actores, de la somnolencia de lo cotidiano”. El pretexto para este ejercicio de poesía escénica es la muerte del padre de Wilfrid, circunstancia que, muy a la manera de Mouawad, desencadena la aparición de una historia oculta que cambiará radicalmente la vida y la percepción del protagonista y la de una serie de personajes que irán apareciendo a lo largo del viaje que emprenderá para sepultar a su padre en su tierra natal. Como en la vida misma, el humor, el dolor, la incertidumbre, la esperanza, la desesperanza y otra serie de emociones se combinan en escena para ofrecer al público una historia de amistad entrañable, fundamentada en la metáfora de la muerte del padre, de su lenta putrefacción, como dialéctica del renacimiento. Las acciones se desarrollan en forma paralela en la realidad y en la imaginación de Wilfrid, acompañado en este trayecto por el Caballero Guiromelan, cruzado que es a la vez alegoría de su anhelo de libertad y de esperanza de un futuro mejor, una especie de alter ego infantil que busca sobrevivir ante los desencantos de la existencia. Como sucede en buena parte de la dramaturgia de Mouawad, Litoral es una obra que ofrece múltiples lecturas, con temas que van desde la relevancia de la relación padre-hijo y la necesidad de revisarla en algún momento de la vida, pasando por esas cosas que nos acercan como seres humanos independientemente de nuestro origen social o racial, hasta las obsesiones del autor en torno a la guerra y sus efectos devastadores. Sin duda ha sido un gran acierto reunir en una misma temporada en el Teatro Benito Juárez las cuatro obras que integran La sangre de las promesas: Incendios, Bosques, Litoral y Cielos, esta última con un estreno programado originalmente para el 21 de julio pero que, por cuestiones de producción, se retrasará hasta el 27 de mismo mes, uno de los estrenos más esperados en el teatro mexicano de los últimos años. En Litoral las actuaciones están a cargo de Guillermo Villegas, Pedro Mira, Rebeca Trejo, Alejandra Chacón, Miguel Romero, Adrián Vázquez, Sonia Franco y Tomás Rojas. La escenografía es de Auda Caraza y Atenea Chávez, la Iluminación de Roberto Paredes, el vestuario de Lisette Barrios y música original de Ariel Cavalieri. Las funciones se realizan los martes a las 20:00, hasta el 31 de julio.

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