¿Agua?...¡Aguas!

martes, 21 de agosto de 2012 · 14:27
MÉXICO, D.F. (apro).- Inconsecuentes vivientes: ¡quién me lo iba a decir! Hace más de dos milenios y medio afirmaba una verdad que creía indiscutible, pero ¡necio de mí, pronto otros colegas me la rebatieron. Luego, por siglos, por generaciones, caí en el olvido. Millones de humanos ignoraron, y les importó un pito, quien fue un servidor y lo que había dicho; y entre los que lo sabían, a nivel de academia o por estudios personales, no faltó entre ellos los que me vieron con burlona condescendencia y hasta conmiseración desde la cumbre de conocimientos adquiridos desde mi muerte a ellos; mas en este tiempo en que ustedes viven, por diversas causas, de alguna manera va adquiriendo cada vez más peso lo que un servidor expresó, hecho que me anima ha escribirle la presente. Para que se vayan formando un mejor juicio sobre mi persona y lo que dije, les recuerdo que su servidor fue aquel que al preguntarse por lo que las cosas son y al indagar el principio del cambio, del porqué son diferentes las mismas, se le considera que planteó el problema capital de la filosofía, con lo que dio comienzo y desarrollo a la misma en la Grecia clásica. Al interrogarme acerca de la íntima, fundamental esencia del mundo, consideré que todas las cosas habidas y por haber forman parte de un elemento primario, único: el agua, respuesta que se juzgó y se sigue juzgando ingenua, pero a pesar de esas opiniones adversas igualmente se pensó, y se piensa, que lo importante fue que con esa idea abrí puerta a la unidad dentro de la pluralidad que se ve en la naturaleza, a concebir, a estructurar y comprender las diferentes conexiones que se dan entre las diferentes formas de esa unidad. También dije y sostuve que el agua no fue creada por nadie; y afirmé que a pesar de que cambia constantemente de estado, transformándose en diversas cosas diferentes, nunca deja de ser, de existir, cosas diferentes, nunca deja de ser, de existir, ya que esas cosas diferentes, diversas, siempre vuelven a reconvertirse en agua. Después de que mi teoría fuera por siglos ninguneada, motejada de ingenua, cuando no de falsa, o tomada por un disparate, pueden imaginarse la satisfacción que me ha ido dando cuando sus sabios: biólogos, físicos, paleontólogos, químicos, genetistas, etcétera, han ido descubriendo que el agua es la materia primordial, la matriz de todo organismo viviente, que toda criatura terrestre procede del agua, que el agua es el principal componente, por indispensable, todo organismo, ya que en las células de los mismos desarrolla importantes funciones. Y esa satisfacción aumenta cuando esos mismos sabios estudiosos del tema, confirman que la cantidad de agua que existe sobre la tierra, nada de la misma se pierde, pues sea como sea que las plantas y animales la consuman o el humano la utilice: la beba, la emplee para regar sus jardines, sus campos de cultivo, la use para su aseo personal, apagar incendios o se sirva de la misma en sus fábricas, cada gota regresa siempre, de una manera u otra, al ciclo global establecido entre el agua, el cielo y la Tierra. ¡Ah!, pero lo mejor, lo que más gusto me ha dado, es ver y confirmar que todo tipo de religión que tachó de irreligiosa, de herética y, por lo tanto, condenable a mi teoría porque para nada mencioné a la divinidad, por decir que el agua no había sido creada por nadie y que la misma era matriz de la vida, es ver y confirmar que todo tipo de religión, que por siglos han estado diciendo que la naturaleza era en esencia mala, hoy confiesan que fue pecado haber visto a la naturaleza en su conjunto como un hecho bruto, sin significado adicional; que arrepentidas, dicen que hay que rectificar y llaman a ver como un don de la divinidad, sagrado por lo tanto, y a tener en cuenta que cualquier criatura, así como cada elemento de la naturaleza y a ella en sí, como una presencia de la divinidad, como un recordatorio de su poder. ¿Qué les parece? Considerando que lo expresado en la presente de mi teoría sobre el agua es suficiente para que cuando hagan uso de ella, en el lugar y en la medida que sea, lo piensen más y mejor de lo que suelen hacerlo, les sugiero por añadidura; ¿aguas! Con el agua cuando piensen o usen a la misma. Con sincero afecto de ustedes, inconsecuentes vivientes. TALES DE MILETO

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