Música: Dimitri Hvorostovsky en Bellas Artes

lunes, 27 de agosto de 2012
MÉXICO, D.F. (Proceso).- El barítono Dimitri Hvorostovsky (Krasnoyarsk, Siberia Central, 1962) soñó desde niño con ser cantante, pero no barítono, sino tenor: “El problema es que los barítonos no son los héroes”, comentó para este semanario. Hvorostovsky comenzó los estudios de canto y piano a los siete años y la música se convirtió en su principal afición; hoy día es uno de los más aclamados barítonos del mundo, saltando a la fama en 1988 cuando ganó el primer lugar en el concurso de canto de Toulouse (Francia) y al año siguiente el de la BBC Cardiff Singer, en Gales, Reino Unido. Reside actualmente en Londres. Entre su discografía destacan un CD con romanzas de Rachmaninoff y Tchaikovsky, un segundo con arias de óperas de Verdi y Tchaikovsky, y otro de canciones populares rusas, así como óperas completas, y la película Don Giovanni Unmasked. En conferencia de prensa dada en la Ciudad de México, le preguntaron al barítono sobre el castigo impuesto por el gobierno ruso a las jóvenes del grupo Pussy Riot, condenadas a dos años de prisión por lanzar insultos políticos contra el presidente Putin en una catedral, y ahí metieron en camisa de once varas al artista. Con moderación declaró: “Sí tenían que recibir un castigo, ya que ofendieron a mucha gente creyente que considera la catedral un recinto sagrado, y eso en Rusia es un acto de vandalismo, pero quizás sea demasiado; dos años es mucho tiempo.” El miércoles 22, tras siete años de ausencia, se presentó en sala principal del Palacio de las Bellas Artes, acompañado por el pianista estonio Ivari Ilja. Todas las entradas estaban agotadas desde hace meses. Cantó piezas de Rachmaninoff, Liszt, Rossini, Wagner, Borodin, Rubinstein, y su compositor favorito: Verdi. Hacía mucho que no asistíamos a un recital como éste. Hvorostovsky cantó por casi dos horas con una generosidad admirable una serie de piezas de máxima dificultad, mientras muchos colegas suyos llenan sus recitales con obras muy sencillas. Se entregó al público por completo y colmó sus expectativas con innumerables agudos brillantes, notas larguísimas, legato, pasión y simpatía, y el público enloqueció. Obras como dos de los Sonetos del Petrarca de Liszt, arias de Rigoletto, Guillermo Tell, Otello, Tannhäuser, canciones de Rachmaninoff… y Dimitri, incansable –a pesar de que comentó que le fatigaba la altura de la Ciudad de México–, regaló al público cuatro “encores”: dos canciones napolitanas y dos cantos rusos sin acompañamiento al piano. No exageramos al decir que un concierto así se ve en nuestra ciudad cada quince o veinte años. Claro que Dimitri no es un belcantista, lo suyo es el canto verista, fuerte, apasionado. Al final un niño subió al escenario y el intérprete lo cargó y besó. “Amo venir a México, es un público maravilloso”, declaró. El público le responde en igual medida.

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