Teatro: Ajvetik Sots de Zinacantán

lunes, 27 de agosto de 2012 · 21:56
MÉXICO, D.F. (Proceso).- En el Festival de Teatro de los Volcanes llevado a cabo en San Cristóbal de las Casas y Zinacantán del 10 al 17 de agosto, el espectáculo Epidauro se presentó en el lobby del Teatro de la Ciudad y el Foro de la Comunidad, respectivamente. El grupo, integrado por indígenas tzotziles bilingües, retomó esta obra de la dramaturga tapatía Ruth Estrada y le dio contextos y contenidos netamente de la región. El trabajo de Ricardo Juan Hernández, su director, consistió en impregnarle a la obra un sentido comunitario. Al igual que en Epidauro, el pueblo de Zinacantán, comenta su director, vivió la opresión de un cacique durante nueve años y se valió de espíritus malignos para dominarlos. La experiencia de ser expulsado de la comunidad es un grave fenómeno que se vive en Chiapas por razones religiosas, económicas o políticas. El director de la obra y del grupo Ajvetik Sots, cuenta cómo los actores pasaron por un proceso de comprensión tanto corporal como emocional de la situación. El resultado es un trabajo con gran fuerza dramática. Los integrantes, a pesar de no ser profesionales del teatro, logran transmitir ese desasosiego y ese ímpetu para luchar. La forma de trabajo, señala el director, lo inicia no con las palabras sino con el cuerpo. Propone a los actores primero interpretar la obra sin palabras y llegar a la comprensión total de la situación y del estado de cada personaje, para después ir integrando poco a poco las palabras. Ensayan en tzotzil, pero los textos son dichos en español o en su lengua materna. Ricardo Hernández, también encargado de la Casa de Cultura de Zinacantán, lleva dirigiendo el grupo de teatro desde hace cuatro años, y cada año montan una obra diferente. Las tres anteriores surgieron como una necesidad de contar leyendas de su pueblo. En su mayoría son de creación colectiva, historias que le contó su bisabuela: el origen de Zinacantán, el mundo de los muertos, los carrancistas en la Revolución y el respeto por el día de muertos. La primera, que se presentó en el 2008 en las dos lenguas, habla del origen del mundo y del establecimiento de Zinacantán en Jobel. En Nuestra alma nunca muere, que estrenaron en tzotzil en Xcaret, Quintana Roo, narran cómo las almas al morir se van al mundo de los huesos ardientes resguardado por Xibalbá, y ahí se purifican. El perro negro, de gran significado, es el que ayuda a los muertos a pasar al otro mundo; si matas uno en tu vida, no tienes ya quién te ayude a cruzar al otro lado. Para la obra que les encargaron en los festejos del Centenario de la Revolución, la bisabuela de Ricardo le contó lo que vivió cuando ella tenía ocho años; cómo los carrancistas llegaron a Zinacantán, arrasaron con todo matando, robando y convirtiendo en esclavos a los niños; cómo se establecieron en un cerro y cómo llegaron los mapachistas, finqueros descontentos, a luchar contra ellos. Con esta matazón, los pobladores de Zinacantán quedaron muy mermados. En el 2011 escribió, y se representó en las dos lenguas, la obra Ni yo tampoco, sobre la importancia de respetar las almas de los muertos. La historia que le contó su bisabuela en tzotzil la transcribió al español y la trabajó con el grupo que actualmente consta de nueve integrantes. Para el grupo Ajvetik Sots la transmisión oral de la cultura resulta ser un pilar para su expresión escénica; así, han convertido el teatro en un medio fundamental para la conservación de la memoria de su pueblo. La bisabuela, donde quiera que esté, le hablará en sueños, o le soplará al oído, secretos de sus ancestros que ella sólo sabe.

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