Polémica y chacota por la restauración del "Ecce Homo"

martes, 28 de agosto de 2012
MÉXICO, D.F. (apro).- La restauración de un monumento o una obra de arte ha sido siempre tema de debate. Pese a que en 1965 se estableció la famosa Carta de Venecia con ciertos lineamientos adoptados --diríase-- de manera universal, los especialistas siguen discutiendo todavía hasta dónde debe ir una intervención: lograr sólo que la obra en cuestión no siga deteriorándose o dejarla casi en un estado de renovación. Se recordarán por ejemplo las críticas acérrimas al arquitecto Juan Urquiaga cuando dejó reluciente, impecable, casi como recién hechecito el exconvento de Santo Domingo de Guzmán en la ciudad de Oaxaca, porque además lo reconstruyó con bóvedas de cañón cuando, a juicio de algunos arquitectos restauradores, no había elementos que afirmaran fehacientemente que así había sido originalmente. La obra, sin embargo, recibió en 1994 el Premio Internacional Reina de Conservación y Restauración del Patrimonio Cultura. Hoy, advierten investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia, Urquiaga se prepara para aplicar el mismo “procedimiento” con otros antiguos conventos. La Carta de Venecia dice en su artículo 9: “La restauración es una operación que debe tener un carácter excepcional. Tiene como fin conservar y revelar los valores estéticos e históricos del monumento y se fundamenta en el respeto a la esencia antigua y a los documentos auténticos. Su límite está allí donde comienza la hipótesis: en el plano de las reconstituciones basadas en conjeturas todo trabajo de complemento reconocido como indispensable por razones estéticas o técnicas aflora de la composición arquitectónica y llevará la marca de nuestro tiempo. La restauración estará siempre precedida y acompañada de un estudio arqueológico e histórico del monumento.” Esto se ha aplicado no sólo a obras arquitectónicas, sino también pictóricas y escultóricas. Y abundan los ejemplos de malas restauraciones, pero el caso de la intervención de la pintura Ecce Homo, plasmada en uno de los muros del Santuario de la Misericordia de la localidad de Borja, en Zaragoza, España, ha alcanzado una difusión mundial, y la mofa tiene ya proporciones de hilaridad con imágenes lo mismo de Homero Simpson o de la Pantera Rosa que del rey Juan Carlos o el presidente hispano Mariano Rajoy, que se sobreponen a la del Cristo coronado de espinas. Se sabe que la obra fue realizada por el pintor Elías García Martínez entre fines del siglo XIX o principios del XX y fue intervenida por Cecilia Giménez, una octogenaria que la desfiguró poniéndole una abundante cabellera, una boca difuminada y una nariz mal perfilada que lo hacen parecer más un mono que un rostro humano. La noticia de esta mala restauración fue difundida por la agencia EFE y la televisión española y de inmediato dio la vuelta al mundo, no sólo por los medios de comunicación sino también por el efecto de las redes sociales. El diario Le Monde, por ejemplo, cabeceó la nota así: “HOLY SHIT --La restauration d’une peinture du Christ tourne au massacre' (MIERDA --La restauración de una pintura de Cristo se convierte en masacre”. Lo curioso es que en muchas de estas redes, donde pueden leerse comentarios como: “¡jajá, no he podido parar de reír, era un Ecce Homo, lo volvió un ecce mono!” Y el colmo es que hay quienes ya piden --se dice que más de 8 mil internautas-- que, por favor, se conserve ahora el cuadro tal como lo dejó la mujer, que se ha disculpado sencillamente argumentando que el cura del templo sabía lo que ella estaba haciendo. La carta que circula en la red dice: “El osado trabajo realizado por la espontánea artista en el Ecce Homo del Santuario de la Misericordia de Borja, supone además de un entrañable acto de amor, un inteligente reflejo de la situación política y social de nuestro tiempo. En el cual se pone de manifiesto una sutil crítica a las teorías creacionistas de la Iglesia, a la vez que se cuestiona el surgimiento de nuevos ídolos. El resultado de la intervención combina inteligentemente el expresionismo primitivo de Francisco de Goya, con figuras como Ensor, Munch, Modigliani o el grupo Die Brücke, perteneciente a la corriente artística del expresionismo alemán.” Una tarea por resolver para los sociólogos del arte será conocer cómo es apreciado el arte por las nuevas generaciones, expuestas constantemente al internet y las redes sociales. Desde luego las autoridades españolas ya han anunciado que podrían emprenderse acciones contra la espontánea restauradora, y que un equipo de restauradores profesionales (no se explica porqué no lo hicieron antes) intentará recuperar la imagen original.

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