Arte: "La lengua de Ernesto"

martes, 7 de agosto de 2012 · 18:19
MÉXICO, D.F. (proceso).- Reconocido en el escenario global por sus fascinantes instalaciones elásticas, Ernesto Neto (Brasil, 1964) presenta desde el pasado abril, en el Antiguo Colegio de San Ildefonso de la Ciudad de México, una retrospectiva de aproximadamente 106 piezas que abarca esculturas, instalaciones, dibujos y fotografías realizadas entre 1987 y 2011. Organizada originalmente por el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO), la exposición La lengua de Ernesto se refiere a los distintos lenguajes que ha desarrollado el escultor desde el inicio de su trayectoria. Al igual que otras muestras provenientes del museo regiomontano –Gormley y Mueck–, la versión en San Ildefonso es más reducida y, en esta ocasión, la omisión de las esculturas-red que contienen instrumentos musicales y de las esculturas transitables más recientes sí repercute en la síntesis de las lenguas de Neto. Curada por el también brasileño Adriano Pedrosa, la exhibición es ambivalente. Si bien es interesante ubicar y contextualizar el desarrollo creativo del artista, también es desilusionante no tener acceso a obras tan espectaculares como las instalaciones monumentales que realizó en 2006 en el Panteón de París, o en 2011 en el Faena Arts Center de Buenos Aires. Representante de la interpretación contemporánea del neoconcretismo brasileño –entre otros, también Lole de Freitas y Carla Gugliardi–, Ernesto Neto no crea objetos geométricos sino organismos expresivos, sensoriales y emotivos que lejos de ocupar un espacio, lo significan interconectando a la obra con el entorno y la corporeidad emotiva del espectador. Elaboradas con fibras elásticas que se expanden como la piel humana, sus estructuras se configuran con volúmenes que se tensan y cuelgan evidenciando la fragilidad del equilibrio. Unidos mediante nudos y rellenos de distintos productos como arroz, cúrcuma, clavo de olor molido y bolitas de poliestireno, los textiles se transmutan en volúmenes colgantes que funcionan como pesos y contrapesos de la composición. Sutiles y a la vez evidentes en sus referentes a organismos biológicos, los nudos remiten a orificios corpóreos y órganos sexuales que enfatizan la ambigüedad y autonomía de las formas. Diseñadas algunas como un cuerpo que atrapa y otras como espacios transitables, las piezas permiten la inmersión sensorial de los espectadores integrando no sólo la vista, el tacto y el olfato sino, también, la vivencia lúdica que genera experimentar la inestabilidad de la forma y la materialidad de lo inaccesible. Concebida curatorialmente como una retrospectiva que enumera las distintas poéticas de tensión, equilibrio, gravedad, peso y contrapeso por las que ha transitado Ernesto Neto –desde la interacción de dos elementos hasta las instalaciones cromáticas realizadas con crochet–, la muestra no se limita a una lectura biográfica. Efectivas en sus posibilidades de conexión afectiva, las obras logran evadir la necesidad de pensar la mirada. Enriquecida por la amabilidad del personal que atiende la interacción con las piezas, La lengua de Ernesto debería incluir información audiovisual sobre las instalaciones monumentales del artista.

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