Lupita Pineda en el Palacio de Bellas Artes

lunes, 10 de septiembre de 2012
MÉXICO, D.F. (apro).- La noche del sábado 1 de septiembre, una hora después de enviar al Congreso de la Unión su sexto y último informe con dos iniciativas de reforma sobre la Ley del Trabajo y Transparencia de los gobiernos estatales, el presidente Felipe Calderón acudió al Palacio de Bellas Artes para presenciar el segundo recital de la intérprete Guadalupe Pineda, quien conmemoró 35 años de exitosa trayectoria artística. A diferencia del primer concierto de Lupita Pineda allí mismo, a las 17 horas, que transcurrió plácidamente desde hora y media antes del segundo recital, las calles del Centro Histórico aledañas a la Alameda Central y a la estación del Metro Hidalgo comenzaron a ser invadidas por cientos de elementos de seguridad pública armados con chalecos antibalas, quienes colocaron vallas metálicas en el Palacio de Bellas Artes. Incluso, el ingreso de los asistentes al foro cultural fue rigurosamente controlado por personal policíaco que contrató el INBA. Lupita hizo su entrada escénica ante un Palacio de Bellas Artes lleno justo 18 minutos después de las ocho de la noche, luciendo elegante vestido escarlata y cantando alegremente “Fina estampa”, de Chabuca Granda, a ritmo de vals peruano, seguida de la sensual “Cómo fue”, de Ernesto Duarte, y “Gracias a la vida” en finos arreglos de la pianista y directora musical Leysa Reyes, y el director Michael Meissner a cargo de la Orquesta Sinfonieta Mexicana. Lejos de la versión bravía de Alfonso Ortiz Tirado, Lupita Pineda atacó “Amapola” tersa, plena de languidez vocal y nostalgia romántica. Ella hizo el primer cambio de programa, y en vez del anunciado “Concierto de Aranjuez”, dio paso a su perfecta dicción francesa con la habanera de la ópera Carmen, de Georges Bizet, “El amor es un ave rebelde” (L’amour est un oiseaux rebelle). Transformada en una diva de mármol griego, la cantante de exquisita delgadez física pareció mimetizarse en el Palacio de Bellas Artes con un hermoso vestido áureo y partió plaza con las percusiones afrocubanas de una candente “Bésame con frenesí”; sin embargo, la aclamación del público fue más bien tardía y esto provocó que Lupita olvidara el verso “si perdiera el arcoíris su belleza” de la canción “Piel canela”, de Boby Capó. Fue entonces cuando la hermosa tapatía hizo gala de sus maravillosos atributos vocales con apasionado sentimiento en el tango “Uno”, de Santos Discépolo y la riquísima ornamentación orquestal para “El día que me quieras”, de Carlos Gardel/Alfredo Le Pera, acompañada pulcramente por el bandoneón de Ángel Pérez. Durante el intermedio, entre los palcos y las butacas del segundo piso destacaban los rostros adustos de algunos políticos panistas, destacando el muy serio de Diego Fernández de Ceballos. En contraste, quien no cabía de gusto era el sonriente Antonio Lozano Gracia, esposo de Guadalupe Pineda. Si la primera parte del concierto apenas había durado una hora, para la conclusión ella entregó lo mejor de sí misma en casi dos horas más de actuación artística, con melodías clásicas de su repertorio (“Mi unicornio azul” y “Yolanda (Te amo)”, de la Nueva Trova Cubana; “¿A dónde vamos a parar”, de Marco Antonio Solís” y “Amor eterno”, de Juan Gabriel). Casi al cierre, ella interpretó un popurrí de tríos (“El reloj”, de Cantoral; “Sin ti”, de Pepe Guízar; “Toda una vida” de Oswaldo Farrés; “Sabor a mí”, de Álvaro Carrillo y otras), junto a su conjunto musical e invitados: Adrián Ramírez, guitarra y voz; David Rivera, guitarrón; Jesús Corona, vihuela, y los coros de David Bueno y Tzittmi Sullinger. Además, recibió una prolongada ovación con su sorprendente “Granada”, de Agustín Lara, cuyas castañuelas electrónicas serían altamente alabadas por el cantautor Marco Antonio Muñiz, presente en este concierto. “Es un placer, una alegría y un privilegio estar aquí con ustedes esta noche, quiero agradecer mi regreso a este recinto luego de muchos años, me siento muy agradecida. Esta noche no se va a borrar nunca de mi memoria… Me siento muy afortunada, muy gratificada y contenta de poder estar en la máxima casa de la cultura de nuestro país y con un público leal que me seguido mi trabajo en tantos años de cantante”, dijo Lupita, quien actuó por sexta ocasión en el Palacio de Bellas Artes. “Había estado en diferentes eventos seis veces ya, pero esta vez fue la segunda que regreso yo sola. La primera fue en 1985, el año del temblor, y fue un privilegio haber llenado dos funciones. Después estuve en otras participaciones, por ejemplo, con Fernando de la Mora y la Camerata de las Américas y los Niños Cantores de Morelia hicimos un concierto navideño. “Y después en aquel homenaje que se le hizo en Bellas Artes al bolero, con iconos del género como Olga Guillot, Los Tres Ases y Marco Antonio Muñiz, que fue también algo muy especial.” Ambos conciertos en Bellas Artes se grabaron en CD y DVD, como “un una joya para mí, una oportunidad de recordar Bellas Artes toda la vida en esa noche mágica para mí”. --¿Cómo ve el México de hoy? --¡Ay…! Yo deseo que México salga adelante… Que esta situación de inseguridad que de alguna manera nos tiene secuestrados a todos, se acabe. La delincuencia se ha metido en muchos lugares, lamentablemente. Sé que la economía ha estado boyante, que está bien, que tenemos máximos históricos de ahorro en las arcas de México, pero quisiera también un respiro y tener más tranquilidad, que se acabara la violencia. Creo que va a tardar un rato, pero tengo fe y tengo esperanza de que México va a salir adelante.” Una de las últimas presentaciones de Guadalupe Pineda había ocurrido durante el concierto de gala por los 60 años del Auditorio Nacional que ofreció el tenor Plácido Domingo, cantando con el Mariachi Vargas de Tecalitlán, el 20 de junio pasado (http://www.proceso.com.mx/?p=311652).

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