Teatro: "El rey se muere"

jueves, 13 de septiembre de 2012
MÉXICO, D.F. (Proceso).- ¿Qué se hace a la hora de morir?, preguntaba Rosario Castellanos en su poema Amanecer, y se respondía con múltiples preguntas. Eugene Ionesco parte de su mundo interior para reflexionar, a través de una situación dramática –“el rey se muere”– sobre el proceso de enojo, resistencia, auxilio y resignación por las que pasa el protagonista. En una declaración de Ionesco sobre su forma de trabajar, comentaba: “Si yo me descubro a mí mismo, si me revelo a mí mismo, me pongo en camino de investigar el alma colectiva y puedo, además, lograr ser universal. Los muros sociales nos separan; pero la soledad nos acerca los unos a los otros”. Si vemos la cercanía de la muerte como la soledad más absoluta de quien la experimenta, hay en El rey se muere un intento claro de comunicación trascendiendo el lenguaje. En una apariencia de ridiculez o situaciones elementales, el autor va expresando las sensaciones por las que pasa el personaje. Además de una visión intimista, a la obra puede considerársele una metáfora del fin del poder, del absurdo de un gobernante con toda la autoridad del mundo, al que ya no le sirve de nada cuando se enfrenta a la muerte. Juliana Faesler y Clarissa Malheiros llevan a escena la obra del autor rumano-francés, El rey se muere, con una visión contemporánea, empezando por el espacio escénico que sugiere una instalación donde sucederá un performance o un cuadro en movimiento. A la manera de Bill Viola con sus toneles metálicos en su pieza Los durmientes, las también diseñadoras del espacio colocan botes de acero pintados de negro en una cuadrícula simétrica, cuya visual poco a poco se va modificando al darles diferentes usos a los botes y convertirlos en el eje del desorden estético. La dificultad del texto dramático de Ionesco donde sólo existe la situación de “el rey se muere” sin demasiadas acciones que desarrollar, van siendo sorteadas por las directoras al generar rutinas de movimientos, imágenes simultáneas, puertas que caen o se levantan y ciertos gags cómicos a manera del clown. Aunque la obra no deja su densidad, la creatividad de las directoras hacen atractiva la propuesta. Clarissa Malehiros es también el rey y lo caracteriza como un ser nervioso, hiperactivo y autoritario, aunque pudiera faltarle fuerza y portento. Pero por eso mismo se convierte en un rey particular que a pesar de su pequeñez ha sustentado el poder durante 277 años y ha sido, como lo dice en algún texto, “quien robó el fuego a los dioses, inventó la fabricación del acero, construyó el primer aeroplano, inventó las guadañas, los arados, las cosechadoras, el primer tanque de guerra, construyó Roma, Nueva York, Moscú, París, hizo las revoluciones, las contrarrevoluciones, la religión, la Reforma, la Contrarreforma, escribió La Iliada…” De los hombres particulares surge “el” hombre y la actriz le proporciona una gracia particular. La presencia del piano y su música constituye un factor importante para el ritmo y la sonoridad de la obra, la cual se integra como un personaje más. Pablo Chamor es el musicalizador e intérprete y en momentos lo acompaña la voz de Catalina Pereda, también actriz. Natyeli Flores con buena proyección y María Sandoval, más débil y estereotipada, son las dos reinas que muestran visiones distintas frente a la proximidad de la muerte del rey. El médico, dentro de una propuesta más fársica, es interpretado por Roldán Ramírez. El rey se muere, que se presenta en el Teatro el Galeón de jueves a domingo, invita a traer a la memoria a un autor del teatro del absurdo que, aunque cambien las formas, sigue vigente. Un autor sin consignas sociales, pero que a través de un conflicto personal nos da la visión de la decadencia de un reino. Tal cual lo vivimos en la actualidad.

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