Música: Joshua Bell en Bellas Artes

viernes, 21 de septiembre de 2012
MÉXICO, D.F. (Proceso).- El violinista estadunidense Joshua Bell (Indiana, 1967) se presentó el pasado 7 y 9 de septiembre en el Palacio de Bellas Artes, una audición memorable, muy bien dirigida por Carlos Miguel Prieto al frente de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN). Bell saltó a la fama internacional después de haber interpretado la banda sonora de El violín rojo, película canadiense dirigida por François Girard en 1998 y que mereció un Oscar por la mejor música original. El intérprete conmovió a todo el mundo por su sonido, virtuosismo y expresividad, un violinista fuera de lo común. Joshua toca un violín Stradivarius de 1713 valuado en 3.5 millones de dólares. Declaró el solista que “el sonido de este instrumento es el ideal, muy similar a la voz de soprano, un sonido capaz de ponerte los pelos de punta. La historia de este instrumento es de película”. Añadió: “El primer propietario fue Bronislaw Huberman, después fue robado al menos dos veces. La más reciente en 1936 de un camerino del Carnegie Hall de Nueva York. Durante 50 años no se supo de él, hasta que un pordiosero músico, en el lecho de muerte, confesó a su mujer que el violín que había utilizado para ganarse la vida tocando por las calles de Manhattan era aquel famoso Stradivarius”. Tuvo después varios propietarios hasta que en 2001 lo adquirió Bell. En 2007 The Washington Post realizó un experimento social sobre la percepción: en el Metro de la capital norteamericana, Joshua Bell, de incógnito, tocó durante una hora y sólo una mujer lo reconoció. Durante ese tiempo recaudó en el estuche de su Stradivarius 32 dólares y algo de cambio. “Nada mal, casi 40 dólares la hora, podría vivir de esto y no tendría que pagar a mi agente”. Nadie se detuvo a escuchar a uno de los mejores músicos, lo cual significa que el artista se encontraba en el lugar y la hora inadecuados. Sobre la Sinfónica Nacional, Joshua Bell declaró para Proceso: “No es una orquesta que toque por tocar, colabora en conjunto y trabaja mucho en los detalles, además posee gran personalidad, los músicos tienen espíritu y respetan su trabajo.” Por su parte Carlos Miguel Prieto, también violinista, comentó: “Joshua es un gran músico, de enorme virtuosismo, precioso y variado sonido. Está en un momento muy interesante de madurez artística. Hemos colaborado cinco veces en menos de dos años, en Estados Unidos y México, es un buen amigo. Ya había tocado con la OSN y le encantó la orquesta por su carácter y disposición al trabajo detallado, de él salió la propuesta de regresar e hizo espacio en su agenda para venir en esta ocasión. Una vez más quedó feliz con el trabajo realizado con la OSN y la energía que se logró en los conciertos.” En ambos interpretó el Concierto número uno para violín y orquesta, de Max Bruch (quizá la única obra que hoy día se toca de ese autor); Tzigane para violín y orquesta, de Maurice Ravel, y se completó el programa con dos obras sinfónicas: Salón México, de Aaron Copland, y On the Waterfront, de Leonard Bernstein.

Comentarios