El arte en la UAM
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Con la exposición Pensar espacio/Hacer ciudad, la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) se suma a la endogamia curatorial y devoción mercantil que existe en el sistema artístico institucional. Diseñada por la curadora del Museo de Arte Moderno del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), Graciela Kasep, la muestra recopila obras y repite firmas que en su mayoría son promovidas por galerías mexicanas de presencia ferial.
Sustentada en un saturado concepto curatorial que establece relaciones entre “el quehacer arquitectónico, la arquitectura, la producción artística, el individuo, la historia, la conformación de un paisaje, la revisión de formas en el espacio y la función del espacio”, la muestra sintetiza distintas interpretaciones sobre el espacio: habitado, representado, intervenido, construido, ficticio, urbano, virtual.
Integrada por una acertada selección de piezas que facilita la comprensión del planteamiento curatorial, la muestra contiene obras de dos arquitectas y 10 artistas visuales. Entre las creaciones o vocabularios ya vistos en distintos contextos, se cuentan los paisajes intervenidos con dibujos neosuprematistas de Aníbal Catalán, los relieves de construcciones urbanas de Daniel Alcalá, las cajitas de luz de Marcela Armas que reproducen la morfología de ciudades con alta emisión de calor, y algunos bocetos y fotografías de la Rampa Habitación para patinadores que, en 2007, emplazó Omar Barquet en espacios públicos de la Ciudad de México.
En el rubro del espacio virtual y la interpretación conceptual, Emilio Chapela aborda la imposibilidad de definir el espacio con impresiones fotográficas incompresibles sin el discurso obligado. La deconstrucción de visualidades urbanas y su reconstrucción en fragmentos autónomos, se resume en el mosaico fotográfico de Alex Dorfsman.
Sobresaliente como el proyecto más sugestivo resulta la fusión de fotografía, relato urbano y construcciones ficticias de Rozana Montiel. Realizado a partir de numerosos contactos fotográficos y un cuidadoso trabajo artesanal, la arquitecta desarrolla la concepción de la Ciudad de México como un almacén de objetos-protagonistas que articulan y provocan diferentes significados de la vida diaria: la coladera, el espejo, la escalera, la corcholata, el huacal, la antena, el embudo, la parrilla, la llanta, el garrafón.
Dividido en tres secciones entre las que destacan un mosaico de circunstancias objeto-sociales y diversas maquetas de construcciones intervenidas con los mismos contactos, el proyecto oscila entre la ficción, la artesanía y la realidad.
Además del cuestionamiento que provoca la presencia de ocho artistas promovidos por las galerías Arroniz, Yautepec, OMR, Antena Studio y Nina Menocal, la exposición requiere de una explicación: ¿es adecuado que el artista Carlos Aguirre, miembro del Comité encargado de aprobar los proyectos curatoriales, forme parte de la exposición?