Arte: El Museo Tamayo: ¿Un agente del mercado artístico?

lunes, 3 de septiembre de 2012
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Numerosas dudas sobre la relación entre las asociaciones civiles y los museos gubernamentales provoca la reapertura del Museo de Arte Contemporáneo Internacional Rufino Tamayo en la Ciudad de México. En actividad desde el pasado 26 de agosto, el recinto sintetiza uno de los aspectos más característicos y lamentables de la actual administración del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA): el servilismo y sumisión ante el capital privado. Inaugurado con una muestra pictórica de Rufino Tamayo (1899-1991), artista fundador de este museo; y seis proyectos de arte contemporáneo; su  directora Carmen Cuenca lo percibe como un recinto dedicado a difundir los valores del mercado artístico internacional. Con excepción de la retrospectiva de Tamayo, en la cual se presenta un sintético panorama del desarrollo de su pintura desde 1920 hasta 1990, las otras exposiciones reproducen los convencionalismos comerciales e institucionales del mainstream. Integradas con varias obras prestadas por galerías como Lisson, Zwirner, Marian Goodman, 303, Alexander&Bonin, Metro Pictures y Krobath, las dos muestras colectivas y los tres proyectos comisionados evidencian la influencia y predominio que tiene el poder económico vinculado al coleccionismo en la gestión del museo. Financiada a través de un fondo de participación mixta entre el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, el INBA y la Fundación Olga y Rufino Tamayo (FORT), la ampliación del museo exige diversas explicaciones. Para empezar, el costo total de la obra: la información oficial del INBA señala 84 millones de presupuesto y, en el discurso leído por el presidente Felipe Calderón en la inauguración privada del 21 de agosto, mencionó que la inversión fue de 102 millones de pesos, 68 aportados por el Gobierno Federal y 34 por la FORT. Una aportación minoritaria esta última de sólo el 33%, que agudiza el cuestionamiento sobre las atribuciones que tiene la Fundación en la gestión y uso del museo. ¿Es adecuado que el INBA haya depositado la responsabilidad de la ejecución y supervisión de la remodelación del Museo Tamayo en la FORT, como lo mencionó Teresa Vicencio en el mismo evento? Veneradas excesivamente por los funcionarios gubernamentales, las asociaciones civiles de los museos son ambivalentes y deben valorarse con mayor objetividad. Si bien es cierto que a través de ellas los museos obtienen aportaciones económicas, también es cierto que sus miembros –muchos de ellos coleccionistas– se benefician enormemente de las exclusivas experiencias, exagerado protagonismo y poderosas relaciones sociales que promueve la dimensión simbólica de los museos de arte. Por lo mismo, en lo que concierne a la remodelación del Tamayo, es indispensable exigir que se transparente en qué consiste el “precedente significativo de colaboración entre el capital privado y fondos públicos” que mencionó durante la inauguración David Cohen, presidente de la FORT. ¿A qué se refiere exactamente? ¿Fue ese precedente lo que motivó a Cuenca y Vicencio para titular la sala 1 con el nombre de Carlos Hank Rohn?

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