"El Dictador": entre la filosofía ligera y el lugar común

martes, 4 de septiembre de 2012
MEXICO, D.F. (apro).- A pesar de tener momentos verdaderamente geniales, la película El dictador (The Dictator, EU-2012), estelarizada por el comediante Sasha Baron Cohen y dirigida por Larry Charles, está lejos de ser una buena cinta: se basa en demasiadas obviedades y lugares comunes que restan fuerza a la historia. La cinta gira en torno al dictador Aladeen, gobernante de un país musulmán llamado Wadiya. Aladeen es un dictador muy completo: racista, odia a occidente, tiene armas de destrucción masiva y trata a las mujeres como objetos sin mencionar que manda ejecutar gente a la menor provocación. Un buen día la vida de poder y locura de Aladeen se transforma radicalmente cuando su mano derecha, Tamir (Ben Kingsley) lo traiciona y pone en su lugar a un doble. Aladeen es raptado y su barba eliminada para siempre. Así pues, Aladeen debe vivir en el mundo real, y sobrevive gracias a una extraña aliada: una bella chica llamada Zoey (Ana Faris), activista que odia todo lo que Aladeen representa. La lucha de Aladeen apenas comienza. A través de las acciones de un dictador, Sasha Baron Cohen nos conduce por un discurso que en el papel se ve interesante: la democracia está llena de defectos pero es adorable, o al menos eso es lo que nos gusta. ¿Hay algo después de eso? El discurso no llega a tanto; en un modo simplista (ahí está lo malo), se nos dice que la dictadura no está bien, en ese sentido El dictador se queda corto: la trama estuvo demasiada elaborada como para llegar a una conclusión tan simple. Por otro lado, por momentos la película parece una especie de panfleto político, lo que abarata el discurso. El dictador no está peor que la anterior película de Sasha Baron Cohen (Bruno), pero no es mejor que Borat. ¿Vale la pena? Sólo si se es fan de Baron Cohen vale la pena darse una vuelta.

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