Cine: "Lo imposible"

viernes, 11 de enero de 2013
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Responsable de una de las mejores películas de horror de los últimos años (El orfanato, 2007), José Antonio Bayona aborda una historia que era todo un diamante en bruto y lo pule muy fino. En Lo imposible (España, 2012) este realizador barcelonés escenifica la historia real de una familia catalana arrastrada por el tsunami del sureste asiático en 2004, se toma la licencia de cambiar la nacionalidad de los protagonistas para dar cabida a estrellas de habla inglesa, previene de paso el peligro de un remake de Hollywood y se arma un espectáculo digno del mejor Spielberg, con todos sus riesgos y consecuencias. La historia de María (Naomi Watts), Henry, su esposo (Ewan McGregor) y sus tres hijos ha sido difundida en los medios; fotos y cortos de la película no esconden las escenas del reencuentro dichoso, maltrechos y enlodados todos. Bayona no gasta su talento pertrechando el relato con el suspenso del desenlace, mejor había que aprovechar lo que el público sabe para crear un efecto de distancia frente al desastre y el melodrama inevitable; todo es cosa de ver cómo ocurre la catástrofe, mostrar a los personajes arrastrados por la ola negra de escombros, seguirlos entre éstos y acompañarlos en la desesperación. Bayona demuestra que conoce y maneja el lenguaje cinematográfico como pocos, pero sus alusiones a Hitchcock en el manejo de planos, o las secuencias a lo Spielberg, no son meras citas, sino recursos para contar. El tsunami se anuncia y llega como el tiranosaurio de Jurassic Park, en cosa de minutos, y el monstruo marino convierte el paraíso turístico de las playas tailandesas en un infierno; se trataba de resistirse a la tentación de fabricar metáforas, el cataclismo y las vicisitudes de la familia ocurren en el nivel literal del relato, el dolor está a flor de piel; no había que ir más lejos, y si algunos quieren ver una representación de la ola neoliberal, entonces cualquier película de desastre es una alegoría de la época actual. El drama de Lo imposible se teje en diferentes niveles, esquemáticos pero bien pensados: familia, comunidad y naturaleza; la armonía se destruye y la condición de precariedad humana queda expuesta; lo que parece imposible es reparar la devastación física y emocional, regresar a una normalidad que pierde sentido frente a la realidad física; las figuras de seguridad se desbaratan y los papeles se invierten: el padre llora como niño y el niño tiene que aprender a crecer en cuestión de horas. Bayona aprovecha bien a sus actores, les abre el espacio necesario para descomponerse y renacer de sus cenizas sin permitirles hacer el ridículo; por lo menos la nominación al Oscar es segura. El escollo, ciertamente, es quedar identificado como director de superproducciones meramente comerciales; pero el apadrinamiento de Guillermo del Toro para directores con talento especial se ha vuelto algo así como un sello de denominación de origen, y José Antonio Bayona lo lleva puesto. Lo importante, y lo aplaudible, no es que mexicanos o hispanoamericanos sean capaces de realizar superproducciones a la manera de Hollywood, sino que puedan aportar algo sustancial al gran cine de espectáculo.

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