Turismo y patrimonio, el binomio indisoluble

miércoles, 2 de enero de 2013
MÉXICO, D.F. (apro). A mediados de 2012 se realizó en la ciudad de Querétaro un encuentro internacional para conmemorar los 40 años de la Convención de Patrimonio Mundial de la UNESCO, con el tema central del turismo como factor para el desarrollo comunitario, cuya memoria fue publicada recientemente. El foro, que contó con la participación de representantes de Chile, Colombia, Cuba, España, Estados Unidos, Gran Bretaña, Honduras, Italia Paraguay, Venezuela y Uruguay entre otros, partió de la idea de que el turismo y el patrimonio cultural son un binomio inseparable, y lo son también del desarrollo sustentable. En su intervención, Alejandro Varela, representante de la Organización Mundial del Turismo, comentó que los sitios declarados Patrimonio Mundial por la UNESCO se encuentran entre los destinos turísticos más visitados. Dijo que el turismo es “uno de los sectores económicos más dinámicos e importantes” en estos lugares. Pero el también exfuncionario de la Secretaría de Turismo de México reconoció que “la afluencia de turistas de forma descontrolada puede causar efectos negativos, incluyendo el deterioro físico de infraestructuras, la erosión de paisajes y la excesiva comercialización de los valores que representa”. Y señaló como uno de los principales retos para estos sitios una gestión integral, que contemple la conservación “a través del turismo” (no precisó cómo, si el turismo se considera generalmente un factor de deterioro), maximizar los beneficios para la comunidad anfitriona a través de la gestión de los recursos naturales, evitar la saturación y monitorear los impactos. A decir de Varela, el turismo debe contribuir a mejorar la calidad de vida de los resientes y visitantes, “puede contribuir a que las sociedades reafirmen su identidad cultural, al compartirla con los visitantes, enorgullecerse de ella y cosechar beneficios económicos”. En consonancia, las conclusiones del encuentro dicen que se debe “procurar que el turismo sustentable integre el manejo adecuado de los bienes de patrimonio mundial y el uso optimo de los recursos naturales, el respeto a los valores, usos y costumbres de las comunidades locales, y la generación de beneficio económico para éstas, como contribución a la reducción de la pobreza”. La indisolubilidad de la relación entre el patrimonio cultural y el turismo no está en duda. La reconocen incluso antropólogos, arqueólogos, historiadores y otros especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (responsable de la conservación del patrimonio), no sin destacar que el binomio central debe seguir siendo con la educación. Se reconoce también al turismo su generación de riqueza. El punto es en beneficio de quién o de quiénes. Las zonas arqueológicas más visitadas del país, Teotihuacán y Chichén Itzá, están rodeadas de comunidades de bajos niveles económicos sin que se pueda apreciar dónde están las aportaciones del turismo. El especialista en el tema de turismo sustentable, Jorge Franco ha advertido reiteradamente sobre los impactos negativos que el turismo tiene tanto en el patrimonio cultural como en los ecosistemas, y ha puesto en claro que los beneficiaros de la explotación turística no son las comunidades sino los grandes empresarios. Él trabaja particularmente sobre la zona de Yucatán y dice en su ensayo “Enfoques turísticos, tipos de desarrollos y sostenibilidad patrimonial en la Península de Yucatán”: “Hay muchos ejemplos de tipos de desarrollos turísticos implementados por poderosos empresarios extranjeros y nacionales con el respaldo de los gobiernos regionales, que dejan mucho que desear en términos de uso sostenible de nuestros patrimonios natural y cultural, y de manejo a largo plazo de nuestro sistema natural y nuestro legado cultural. “A decir verdad, los problemas de incertidumbre social y ambiental que estos proyectos ocasionan en Cancún, la Riviera Maya, Cozumel, Tulum, Progreso, Chichén Itzá, Valladolid, Campeche, etc., tienen relación con los planes estratégicos, los programas rectores y los cambios de políticas turísticas, que actualmente reclaman la expropiación y permiten la especulación de los mejores terrenos de las playas paradisíacas, las reservas naturales, las zonas arqueológicas y las comunidades mayas en beneficios de los complejos inmobiliarios y los productos Premium.” En la reunión en Querétaro, se habló de la necesidad de reforzar la credibilidad de la Convención del Patrimonio Mundial “través de las buenas prácticas de salvaguarda y desarrollo turístico y comunitario sostenibles”. Hace falta mucho más que un cónclave de especialistas internacionales haciendo llamados de buena fe para el buen manejo de los sitios patrimonio cultural, para que el beneficio de la explotación turística llegue a los “anfitriones”, y los recursos que genera puedan reinvertirse en parte también en la conservación de los bienes patrimoniales culturales y naturales.

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