El Hobbit: Futuro incierto

martes, 8 de enero de 2013
MÉXICO, D.F. (apro).- Luego de ver la primera entrega de la trilogía de El Hobbit, vislumbro un futuro incierto con respecto a la calidad del proyecto de Peter Jackson: la primera parte de El Hobbit no le llega a la primera película de El señor de los anillos. La cinta dirigida por Jackson, con guión de su esposa Fran Walsh y Guillermo del Toro, no es una mala película pero su narrativa no alcanza la magnificencia de la trilogía del anillo. El Hobbit despliega demasiadas historias, demasiada información, que termina desbordando la historia. Si bien El Señor de los anillos también tenía demasiadas cosas por contar, Jackson supo encausar bien los elementos dramáticos de tal manera que consiguió hacer un proyecto conciso. El Hobbit inicia con los preparativos del cumpleaños de Bilbo Bolsón (Ian Holm), de la misma manera en que arranca El Señor de los Anillos. Bilbo se prepara para irse a vivir con los elfos luego de su fiesta de cumpleaños; el protagonista dejará todas sus posesiones en manos de su sobrino Frodo, y como ya sabemos, entre ellas se encuentra el anillo de poder. En medio de estos preparativos, Bilbo también se da tiempo comenzar con la escritura de su libro, el cual narra sus aventuras con un grupo de enanos que deseaban recuperar su reino de las garras de un temible dragón; aventuras que lo llevaron a encontrarse con el anillo que desatará el conflicto que vimos en El señor de los anillos. Y entonces, viajamos en el tiempo… y vemos a un Bilbo (Martin Freeman) mucho más joven cuya apacible vida es transformada de manera abrupta por un encuentro con el mago Gandalf (Ian McKellen), quien se las arregla para enrolar a Bilbo en una peligrosa aventura con los enanos mencionados anteriormente. El inicio, para quienes leímos el libro, es excitante. Las palabas cobran vida y la fantasía comienza a cristalizarse, pero poco a poco la información se amontona y crece como una bola de nieve; nos topamos entonces con escenas que se alargan de manera innecesaria y con otras que se apresuran en detrimento de la trama. Sin mencionar unos cuantos chistes que parecen afines a películas de Guillermo Del Toro, un tono que El señor de los anillos no tenía; en El Hobbit constituye un gran lo cual es un desacierto. Si estas explosiones cómicas son obra de Del Toro, fue un error que se involucrara en el proyecto. Y es en estos momentos en que uno piensa: ¿De verdad era necesario hacer una trilogía con un libro mucho más pequeño que El Señor de los anillos? Luego de ver esta cinta un servidor apostaría que fue un exceso de Jackson; la cinta es disfrutable pero a comparación de su antecesora, resulta una obra menor: una obra comercial Hollywoodense.

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