Más sobre el decir sí y decir no

martes, 8 de enero de 2013
MÉXICO, D.F. (apro).- Dn. Juan Lanas, señor de todos mis respetos: estoy totalmente de acuerdo con usted en eso de que el saber responder si o no a lo que nos ofrece la vida… en la que estamos sin que para nada previamente se nos consultó si consentíamos o rehusábamos a estar en la misma… pues el aceptar o rechazar las cosas nos determina y muestra la clase de personas que somos. Igualmente estoy de acuerdo con su decisión el haber propuesto como piedra de toque, para el sí o el no de los lectores de su carta a este buzón, una realidad que a todos no afecta, a la globalidad en la que vivimos. Acertada su decisión, pues dicho ejemplo permite el intercambio de experiencias, debatir y decidir sobre en caso concreto y no sobre una abstracción, ya que hacerlo sobre esta última se corre el riesgo de llegar a resoluciones sin sustancia, sobre nada en no pocos casos, pues la abstracción se presta y facilita el laberinto de la retórica, de la evasión. Laberinto en que se dan los avisados que dan atole con el dedo al prójimo, y con ello logran llevarlos por el camino que más beneficia al atolero de marras. Repito, fue un acierto eso de recurrir a la globalidad en la que vivimos para verificar el grado de valor que pueden tener nuestros posibles sí o nos en estos tiempos en el que el buen tono, la moda del momento, lo acertado, lo sabio e incluso lo decente es no irse a los extremos, sino echar ancla en el punto equidistante de los mismos, quedarse y mantenerse en medio de uno y de otro, ponerse en el mero centro de ambos, determinación, insisto, muy de moda en la actualidad, sobre todo en los partidos políticos, así sean reaccionarios, conservadores, progresistas, de derechas o de izquierdas… pero esta moda de llevar el centralismo a toda acción, creo que no tiene nada de moderna y no tanto de cómo presume y piensan sus entusiastas seguidores. Si se hace memoria y se reflexiona un tanto, se recuerda que ese no irse a los extremos hace siglos que rueda por el mundo. El no irse a los extremos, estoy convencido, forma parte del humano, como puede deducirse por el viejo dicho que por ahí corre de”nada en exceso”, expresión de la primitiva tendencia humana de atemperar, esto es, de moderar, de quitar fuerza, de restarle ímpetu a sus anhelos y a las cosas misas, para así poder acomodarlas buenamente entre sí…deseo de armonía que, como otros buenos deseos, desafortunadamente, en el curso de la historia, ha sido frecuentemente pisoteado e incluso pateado por la cruel necesidad y la impulsiva codicia humana… que también cuenta en nuestras decisiones. Expresión también de este contenerse de antiguo viene. Hay que tener en cuenta y no olvidar que la autarquía o poder para autogobernarse a sí mismo, viejo es en la filosofía y muy recomendado fue por ciertas escuelas de la misma. Su antigüedad la muestran y sostienen las simples pero poderosas por su significado, entre otras, de las siguientes sentencias: “echarse llave a uno mismo” y la de “abstente y aguanta”, debidas a los estoicos, practicantes de una moral que, por sus seguidores, tuvo gran importancia en la Grecia clásica y en la vieja Roma, tan importante, que por años y años se enfrentó y luchó con el naciente cristianismo… y hasta hoy en día no ha dejado de ser motivo de estudio y hasta cuenta con sus admiradores. Un poeta de la Roma Imperial, Horacio, con su elogio a la discreción, con su llamado al equilibrio en los pensamientos, palabras y obras, con su recomendación y práctica en lo personal de una moral pragmática, sin heroísmo ni dogmatismo, es otro de los señalados representantes del no ir a los extremos y al cual se debe el siguiente conocido dicho de “aurea mediocritas” (dorada medianía), que indica que es preferible una mediana tranquilidad, que a la riqueza y honores; dicho tan citado incluso en nuestros días. Por último, Luis Felipe, rey al restaurarse la monarquía en la Francia posrevolucionaria, acercó más a nuestro tiempo, incluso en significado, eso del equilibrio, eso del no irse a los extremos. En su discurso de la Corona (1831), para explicar su política centrista, dijo lo siguiente: “Procuramos mantenernos en juste melieu (justo medio), alejado por igual de los excesos del poder popular y de los abusos del poder regio”. Con la seguridad de haber aportado ejemplos suficientes que apoyan mi creencia de que eso del centrismo, sobre todo en política, no es tan nuevo como piensan sus actuales seguidores, queda de usted su sincero servidor, deseándole un feliz año. DOCTOR MAX P. DANTE

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