El Museo Nacional de Historia cumple 69 años

martes, 1 de octubre de 2013
MÉXICO, D.F. (apro).- En 1939, apenas un año después de que el presidente Lázaro Cárdenas propuso la creación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), expidió el decreto de creación del Museo Nacional de Historia que desde entonces ocupa el Castillo de Chapultepec, sin duda uno de los inmuebles históricos más emblemáticos y apreciados por los mexicanos que fue morada de varios presidentes del país. Pero “al presidente Cárdenas nunca le agradó la idea de habitar en el Castillo de Chapultepec, porque creía que el inmueble tenía que ser patrimonio del pueblo de México, por eso mudó la residencia oficial a Los Pinos, que se construyó en un predio que se anexó al Bosque de Chapultepec, conocido como La Hormiga”. Es la historiadora María Hernández, investigadora del INAH, quien rememora los hechos en un comunicado en el cual señala también que el Museo Nacional de Historia  (MNH) heredó, al fundarse en 1940, parte de la colección del antiguo Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía, que se ubicaba desde 1865 en la calle de Moneda 13, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Ese lugar lo ocupa ahora el Museo Nacional de las Culturas. En tanto el MNH, dice la investigadora, ha enriquecido su colección de 15 mil piezas con las cuales contaba hacia 1944 a 100 mil que tiene en la actualidad. Entre las primeras obras se mencionan una colección de retratos de los virreyes de la Nueva España, el retrato escultórico de Miguel Hidalgo, objetos que pertenecieron a Vicente Guerrero, Agustín de Iturbide y Benito Juárez, así como a Maximiliano de Habsburgo. A decir de la también investigadora del instituto Mónica Martí, la creación del MNH “coincide con un movimiento internacional” de reafirmación de la identidad nacional y subraya que al general Cárdenas ciertamente no “le interesaba estar en un castillo, por toda la carga simbólica del inmueble, al que consideraba un monumento histórico”. Cabe recordar que antes que Cárdenas, Benito Juárez tampoco quiso residir en la que fue morada de los emperadores Maximiliano de Habsburgo y Carlota de Bélgica, y entregó las instalaciones al Colegio Militar, razón por la cual el sitio fue escenario de la batalla del 13 de septiembre de 1947, durante la invasión de Estados Unidos, donde perdieron la vida varios jóvenes y adolescentes cadetes, entre ellos los seis que la historia llama los Niños Héroes. Sí vivieron presidentes como Miguel Miramón, Sebastián Lerdo de Tejada, Manuel González, Porfirio Díaz, Francisco I. Madero, Abelardo L. Rodríguez. Desde la expedición de la Ley Orgánica del INAH, el 3 de febrero de 1939, se consideró en su artículo tercero al Castillo como patrimonio Nacional. No fue Cárdenas quien lo inauguró formalmente sino de manera simbólica pues fue hasta la gestión del presidente Manuel Ávila Camacho cuando comenzó la instalación del museo, ya que a su primer director, Luis Castillo León, correspondió realizar la desocupación del edificio en el cual había oficinas de gobierno. La inauguración se llevó a cabo finalmente el 27 de septiembre de 1944. En la ceremonia, Ávila Camacho “condecoró la Bandera del Batallón Activo de San Blas”, para que fuera usada como emblema del recinto museográfico. La bandera, explica Hernández tiene los colores “invertidos”, esto es rojo, blanco y verde y participó en la batalla de 1947. El MNH ha sido restaurado en varias ocasiones. Su discurso museográfico ha sido modificado también. Entre 1973 y 1974 se habilitaron espacios para el depósito y conservación de las colecciones. En 2000 se intervino el Alcázar y también se atendieron las salas históricas en 2004. En esta última ocasión se consolidó arquitectónicamente el inmueble, se restauraron sus colecciones y se implantó un nuevo diseño museográfico, con ocasión de su sesenta aniversario. Cuando se presentó el rediseño del MNH en 2004 se destacó que el propósito del recinto es mostrar el proceso de construcción de la nación mexicana desde finales del siglo XV al XX, “sin visiones maniqueas”. Sin embargo, el escritor José Emilio Pacheco (al comparar el tratamiento que los estadounidenses han dado a la batalla de El Álamo), escribió en el semanario Proceso en diciembre de 2011: “Imaginemos lo que sería convertir el Castillo de Chapultepec en un parque temático, como lo es hoy El Álamo, con salas de proyección en que incesantemente se viera la brutalidad de los invasores contra la abnegación y el heroísmo suicida de los cadetes y soldados mexicanos. También con tiendas de baratijas que expendieran castillitos, miniaturas de los Niños Héroes, gorritas y banderitas de Juan de la Barrera. Nada de esto existe. Nos hemos preocupado por borrar de Chapultepec cualquier imagen capaz de ofender la sensibilidad angloamericana. En cambio El Álamo representa un cotidiano escupitajo en nuestra cara sumisa. El castillo no es hoy un recuerdo vivo de la invasión que se llevó medio país sino el escenario romántico de Maximiliano y Carlota y un salón de fiestas que se alquila a quien pueda pagarlo.”

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