Ópera: Dos visiones de "El holandés errante"

viernes, 11 de octubre de 2013
MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- La Ópera de Bellas Artes, en coproducción con el Festival Internacional Cervantino (FIC), presentaron El holandés errante (1843), de Richard Wagner (1813-1883). La Orquesta del Teatro de Bellas Artes, bajo la dirección del maestro croata Niksa Bareza, sonó espectacular, y al final casi todos los atrilistas aplaudíeron al director. El canto fue de primera línea, no así el vestuario ni la dirección escénica… hubiera sido una función redonda sin esos “pelos en la sopa”. Se trata de la cuarta ópera de Wagner y de la primera que tuvo un gran éxito, donde se define, de una vez por todas, su estética, y es hoy por hoy una de las obras fundamentales del repertorio operístico mundial. Aquí comienza a usar Wagner el recurso del leitmotiv o tema conductor. La música es impactante, conmovedora, y hace parecer pigmeos a otros compositores, tal es el talento arrollador del genio de Leipzig, quien no sólo revolución el arte de la composición, sino la orquestación y el canto, y lo hizo con pie firme a partir de éste su Fliegende Holänder. Compuesta a los 30 años, la obra es exigente como pocas y requiere de cantantes con voces de acero: en el papel de l Holandés escuchamos a Bastiaan Everink (Looneker, Países Bajos, 1969). Barítono dramático que antes fue soldado de élite de las fuerzas especiales, su voz, volumen, presencia escénica y actuación son impresionantes, así como su canto. Este joven cuenta en su repertorio papeles wagnerianos, italianos y franceses, su rendimiento es de verdad espectacular. Su partner, la escocesa Lee Bisset, cantó la parte de Senta, se trata de una soprano dramática de agraciada figura y envidiable presencia escénica, un canto muy agradable y volumen envidiable. Se ha especializado con mucho éxito en personajes wagnerianos, sin descuidar el repertorio mediterráneo. Juntos, La Bisset y Everink nos obsequiaron dúos y escenas memorables como hacía mucho tiempo no se veían y escuchaban en Bellas Artes. Quien sí dejó algo que desear fue John Charles Pierce, quien se anuncia como “Tenor heroico, el Tristán del siglo XXI”, e interpretó el papel de Erik, el eterno enamorado de Senta; en su aria empezó a mermar, no soportó la tirante tesitura wagneriana y se cansó, y de plano marcó en el trío con Senta y el Holandés, por lo que casi no se le escuchaba. Muy destacada la actuación y el canto de Guillermo Ruiz, un verdadero bajo-barítono wagneriano, de los pocos que hay en México, interpretando al padre de Senta, el capitán Daland. Su vestuario: horrendo, fuera de contexto, semejaba al de un oficinista, con traje sastre de tres piezas y lentes. (¿Qué tiene que hacer un capitán de barco noruego vestido así?) El Coro del Teatro de Bellas Artes cuya participación en El holandés errante es toral, se notó muy bien preparado, lució espectacular. En esta ocasión la dirección coral fue el maestro Pablo Varela.

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Prosiguiendo las festividades mundiales por el bicentenario de Richard Wagner, la antigua Compañía Nacional de Ópera, hoy Ópera de Bellas Artes, en coproducción con el Festival Internacional Cervantino, han presentado la nueva producción de El holandés errante, también conocida como “El buque fantasma”, que desde hacía 19 años no se escenificaba en nuestro país, por lo que no es exagerado afirmar que mucho de nuestro joven público no la conocía o nunca la había visto en escena. Difícil, yo diría que hasta tremenda vocalmente, El holandés…, como buena obra wagneriana, no es para cualquier cantante sino sólo para algunos con condiciones muy especiales, sobre todo en los papeles protagónicos. A esto debe agregarse que por la historia que cuenta, dónde y cómo la cuenta, esta obra es bastante estática por lo que, escénicamente, tienen que convertirse esas dificultades en un buen espectáculo, so pena de aburrir terriblemente al respetable. Por fortuna, en la primera función del 3 de octubre, nos encontramos con una estupenda puesta en escena debida a Arturo Gama, director a quien no conocía en esta faceta, pero su currículum nos cuenta que hace ya varios años se inició como bailarín con el Ballet Independiente dirigido entonces por Raúl Flores Canelo. Al montaje contribuyen de manera fundamental el diseño de iluminación de Patricia Gutiérrez y la estupenda, por práctica, funcional, sencilla e imaginativa escenografía de Robert Pflanz, responsable también del vestuario y de la video-proyección. En lo vocal igualmente nos encontramos con una afortunada conjunción de cantantes, la mayoría extranjeros, que cumplieron a cabalidad con las exigencias técnicas exigidas y, más importante, con el sentido musical y la necesidad de trasmisión de sus personajes. Como se sabe, el argumento de El holandés… es sencillo: Se trata de un capitán de navío que, por sus pecados, básicamente el de soberbia, ha sido condenado a navegar eternamente, o hasta que encuentre el amor de una mujer que sea fiel hasta la muerte. Para hallar su redención, el capitán Philip Vanderdecken puede descender a tierra durante un día cada siete años. Si no encuentra a la mujer en cuestión durante el día señalado, debe volver a su peregrinar otros siete años y así ad infinitum. Uno de estos descensos a tierra es lo que nos narra la obra y de cómo el condenado conoce a Senta, quien le jura amor, aunque tiene un enamorado, Erik, quien al verse  desplazado clama que la chica está poseída, y pretende reconquistar su amor. El holandés escucha los reclamos de Erik, cree que Senta lo traicionó y, por tanto, ahora sí ya sin redención posible, vuelve al mar. Sin embargo, ella le es fiel y, ante su marcha, se lanza al mar ahogándose. En ese momento el barco se hunde, una inmensa luz aparece sobre el océano anunciando la redención del condenado, y ambos, marinero y enamorada, son bienvenidos en el cielo. Dividida en tres actos, El holandés… se redujo a uno solo en la versión de Gama, con una duración total de dos horas con quince minutos. Esto solo nos da ya la medida de lo ágil que resultó el montaje y, el hecho de que nadie haya abandonado la sala antes del final, nos habla de lo bien que fue recibida la presentación. Bien la dirección musical de Niksa Bareza y la coral de Pablo Varela. Esta producción viaja al Festival Cervantino y, en la ciudad de México, podrá verse el próximo martes 15, a las 8 de la noche, en Bellas Artes.

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