Cervantino: Poemas de Neruda y noche de cabaret con Ute Lemper

miércoles, 16 de octubre de 2013
GUANAJUATO, Gto. (apro).- Con su corazón europeo y sus aires de libertad neoyorquinos a cuestas, la cantante alemana Ute Lemper trajo al Festival Internacional Cervantino (FIC) una extraordinaria, clásica Última noche en Berlín, con pincelazos latinoamericanos a través de la poesía del chileno Pablo Neruda. El Teatro Juárez fue el escenario la noche del pasado martes del  cabaret, humo, piano, bandoleón y contrabajo en el acompañamiento de la cantante que, en sus versátiles registros, exudó la melancolía de la posguerra, el dolor de los campos de concentración, la sensualidad enfundada en negro y el amor madrigalesco e invernal descrito por Neruda en sus poemas. Tal como contó a los medios unas horas antes de este concierto dentro de la 41 edición del FIC, Lemper ha emprendido una nueva travesía, empeñada en seguir produciendo álbumes conceptuales y casi personales (por sus propios medios para no tener las imposiciones empresariales, a pesar de algunas pérdidas). Ahora con los poemas de Neruda musicalizados –una parte por ella misma y otra con la ayuda de un compositor argentino–, con los cuales ya estuvo en los primeros lugares de las listas de popularidad en Australia. Aquí se anunció que está en tratos con un sello mexicano para editar ese mismo álbum. El repertorio de su presentación en el Teatro Juárez incluyó varias de las piezas clásicas del cabaret berlinés, de la autoría de Frederick Hollander y Kurt Weill, que fue encadenando a su voz gruesa y potente, en una noche íntima, transparente, como la anunció ella en la charla previa con los medios. Su presentación fue incluida en la vertiente Diálogos de libertad, de este nuevo esquema del Cervantino bajo la dirección de Jorge Volpi. Y Lemper se incluyó por sus propios méritos y llevó la atmósfera de cabaret con todas sus posibilidades de improvisación, en el ejercicio de sus libertades escénicas. Muy distinto escenario, explicó la cantante nacida en Münster, será el de su presentación en Bellas Artes con la Orquesta Sinfónica Nacional. “Algo más producido, más formal, más espectáculo, con canciones de musicales”. A fin de cuentas, algo más poderoso, anticipó. Como una particularidad de la presentación en la noche del martes 15, Ute Lemper contó que el director del festival le pidió interpretar una melodía compuesta por una joven enfermera recluida en uno de los campos de concentración nazis, de nombre Ilse, una breve canción compuesta con música de guitarra que, tras la muerte de la mujer en Auschwitz, sobrevivió al paso de los años transmitida oralmente a las siguientes generaciones, hasta que llegó a la voz de Lemper y al Cervantino, como testimonio del imborrable Holocausto.       De vuelta a Neruda, Ute Lemper contó a los reporteros que optó por los poemas de amor y no por aquellos de corte político, por encontrar los primeros más atractivos y, los segundos, “más difíciles”. Al fin y al cabo, soltó, Neruda le escribió a la libertad. Esta producción inspirada en la obra del chileno tiene el formato de la chanson, con la mitad del repertorio en español, en la que cada poema fue trabajado “línea por línea, respetando el texto”. Aunque Lempter deja en claro que no abandona a los antihéroes, la inspiración en aquellos opuestos a la opresión, con una postura social firme, su anarquismo, aunque de su espíritu explosivo de juventud ha pasado a las implosiones, al estallido interior. Y aunque la cantante alemana radica en Nueva York desde hace 15 años, tampoco quiere ser estadunidense; es orgullosamente europea pero desencantada con las contradicciones de la Unión y todos sus miembros, tan diversos, peleados entre sí. “Me parece tan complicado que se quiera una Europa única. No tengo una visión optimista sobre Europa; en diez años quién sabe qué pase, me parece imposible” el esquema actual. Por ahora, se acerca a Latinoamérica, cada vez un poco más, y se encuentra, por lo pronto, con una imagen de México muy distinta a la que se ve desde el exterior, una vez que se está en el país, según confió. “Se debe vivir aquí para entender el ritmo”, aclaró. Y horas después, en el Teatro Juárez, se divierte con su pronunciación de la palabra “Guanajuato”, juega con ella, improvisa, lanza besos a algún caballero de la primera fila, se enamora y enamora con su voz de asperezas, de furtiva amante. De cabaret.  

Comentarios