Presenta Ricardo Zohn obra rulfiana en el FIC

martes, 22 de octubre de 2013
GUANAJUATO, Gto. (apro).- El músico jalisciense Ricardo Zohn reunió a un grupo de virtuosos de la música y la danza para llevar a escena “Comala”, una compleja pieza musical basada en la novela Pedro Páramo de Juan Rulfo, cuya una única función se presentó anoche dentro del Festival Internacional Cervantino (FIC). En la “cantata escénica”, una soprano y un tenor –encaminados por un narrador– pronunciaron algunas de las frases de la novela rulfiana, mientras sobre el escenario del Teatro Principal, el actor y director Darren Stevenson encarnó a Juan Preciado en la búsqueda de su padre, un tal Pedro Páramo, y se encontró con vivos y muertos en el pueblo de Comala… hasta que lo mataron los murmullos. En la obra participan dos compañías: el ensamble musical de cámara Bent Frequency –fundado en 2003 en Atlanta, Georgia–, orientado a la música de vanguardia, y Push Physical Theatre, un grupo de actores dedicados a la narración física, que emplean la danza y otros recursos con rigor e intensidad. “Hice la música, pero siempre quise escenificarla. Me costó trabajo encontrar a alguien que lo entendiera, porque es algo muy abstracto. Encontré a esta compañía y me encantó lo que hicieron”, explicó Ricardo Zohn. A los actores no les resultó tan difícil aceptar el proyecto, debido a que todos ellos han incursionado en piezas de muy diversa índole, y el realismo mágico de la novela los cautivó una y otra vez. El autor describe la musicalización de los fragmentos extraídos de Pedro Páramo como una serie de 17 escenas entretejidas por una red de “hilos musicales”, afianzada no tanto en la compleja totalidad de la novela, sino en el relato del narrador, Juan Preciado, quien muere a mitad de la historia en la pieza literaria y en la cantata. “Es la historia de nuestro pasado la que nos dice quiénes somos, y Juan Preciado tiene que morir para encontrarse”, señaló Ricardo Zohn en una charla con el público, posterior a la presentación de la obra. Uno de los nuevos formatos del FIC, bajo la dirección de Jorge Volpi, es precisamente propiciar un acercamiento entre el artista y los espectadores, como parte de la orientación académica y social que se pretende dar en esta nueva etapa –por lo menos en este sexenio–, aunque en los hechos no ha funcionado como se esperaba. Muy pocos actores, músicos, cantantes o bailarines han atendido a la invitación, y Ricardo Zohn fue uno de ellos. En la cantata, los diálogos se asignaron a los vivos (como en la novela) y el canto a los fantasmas que pueblan Comala, como una manera de diferenciar las formas terrenales, los atavismos del lenguaje y la liberación que da el canto a las almas. Las escenas se suceden en el orden de la novela y así aparecen Juan Preciado, Eduviges, Doloritas, Susana San Juan y otros personajes de ese pueblo de ecos, sombras y reencuentros en plena canícula. Sobre el escenario conviven músicos, actores y cantantes. Todos, al final de la presentación, coinciden en calificar de “complicada” la obra de Zohn, pero al mismo tiempo se dicen fascinados con ella, tanto como con los textos de Rulfo. El compositor se apoyó en el trabajo de improvisación de los directores Darren y Heather Stevenson. El grupo escénico llegó a este proyecto “con las manos abiertas” y esto permitió un trabajo armónico y coordinado, expuso Darren. Para la soprano Tony Arnold, la música de Ricardo Zohn tiene muchos retos, “pero es muy gratificante”, y su compañero, el tenor James L. Brown, encontró tantas tesituras que definió la obra como “una arquitectura muy compleja”.

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