"Marea humana", la propuesta coreográfica de Tao Ye

viernes, 25 de octubre de 2013
GUANAJUATO, Gto. (apro).- Una marea humana, un muégano de brazos, piernas, rostros y torsos vestidos color piel ruedan, se vuelcan como olas de un mar adormecido, unos sobre otros, en el escenario del Teatro Juárez. Es una de las piezas coreográficas de Tao Ye, la representación de la danza contemporánea de China en el Festival Internacional Cervantino (FIC). El respetado coreógrafo Tao Ye de algún modo desertó o escapó de la danza tradicional china, y se adentró en el conocimiento propio del cuerpo humano para crear, en el mundo de la danza contemporánea, donde se dio cuenta que tenía el dominio de su propio cuerpo y no estaba atado a los esquemas de aquella otra danza. Las coreografías que presentó con la compañía que fundó en el 2008 (TAO Dance Theater) sólo llevan como nombre “4 y 5”. No hay más. En la primera, cuatro bailarines con los rostros cubiertos por máscaras negras y enormes túnicas que ocultan sus brazos, despliegan sincronomías desde los distintos ángulos del escenario. El artista no le pone nombre a sus coreografías, así evita propiciar algún tipo de influencia previa en el espectador. Aunque se entiende que sustraerse de las influencias milenarias de la danza tradicional es relativo, sobre todo si el coreógrafo ha sido bailarín desde que tenía 12 años, y durante mucho tiempo cultivó esta disciplina hasta que se dio cuenta de que el dominio de su cuerpo era distinto al de otros bailarines y decidió seguir el camino de la danza contemporánea con una exploración muy propia de sensaciones y movimientos. Tao Ye dice que nunca ha estado conforme con la obligación de sonreírle al público, y deja en claro que es el cuerpo el que domina a la danza, y no la danza la que controla al cuerpo, así que se ha centrado en éste y desde ahí expresa sus creaciones. Así, la segunda coreografía de las dos presentaciones de su compañía en el Teatro Juárez resultó por mucho de una mayor profundidad. Los cinco bailarines permanecen enlazados, piernas, manos, pies, y giran por el piso del escenario en un círculo que parece interminable hasta que la música anuncia el fin. Ruedan despacio, entrelazados, sin un orden, unos con otros se apoyan, se sostienen, se enciman. Una marea humana silenciosa, lenta, que parece eterna. El cuerpo, el movimiento del cuerpo. Este es el centro de la danza de Tao Ye.

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