¿Las seguirán dando?

miércoles, 9 de octubre de 2013
MÉXICO, D.F. (apro).- Extraviados vivientes: asombra y angustia ver y comprobar que, como burros en noria, estén a las vueltas y vueltas alrededor de un tema que este servidor de ustedes, hace más de dos mil 300 y pico largo de años aclaró en gran medida y en lo esencial: las tan frecuentes contradicciones, los enfrentamientos que a lo largo de la historia humana se han dado y siguen dándose entre la política y la ética. Igualmente asombra y son lamentables sus intentos de solución a tal problemática, tan trágica para tantos de ustedes. Sí, debe ser frustrante para la especie ver y comprobar que más allá de su intención basada en creencias de origen religioso, que incluso justifica esa contradicción entre la política y la ética, con la idea de ser un pueblo elegido por Dios… o de cómo todo viene de Dios, que sabe lo que más nos conviene, tanto el bien como el mal que a uno le toque en esta vida, debe ser recibido humildemente y resignadamente soportado…que más allá de la supuesta (por querida) igualdad natural entre los hombres… que más allá de la presumida armonía social conformada y regida por la mano invisible del libre mercado competitivo… que más allá de la pretendida y tajante solución de la lucha de clases del marxismo…que más allá de la democracia, del presunto gobierno del, por y para el pueblo, según A. Lincoln… o que más allá de la promesa tecnócrata de crear riqueza para todos como nunca antes se había hecho… repito: patético y lamentable les debe ser el ver y comprobar, estimados lectores de la presente, que a pesar de todos esos intento, la contradicción entre la política y la ética resiste y persiste. Ante esa realidad evidente, servidor de ustedes considera la por todos tan querida y deseada democracia, es, en el mejor de los casos, una buen intención…y como Dante dijo: el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones…y por eso es que nunca ha habido en la historia de nuestra especie un régimen estable y menos aún duradero oclocrático, es decir, un gobierno de la muchedumbre, de los de abajo, de la masa, de la plebe, de la chusma, del populacho, de los nacos… como suelen designarlos los que se consideran paridos por los dioses por los privilegios conseguidos o heredados. La imposibilidad de la oclocracia, para servidor, es la prueba más contundente de lo que señaló hace tanto tiempo: que hay hombres, que son los menos, nacidos para mandar y que hay otros hombres, que son los más, nacidos para obedecer. Por supuesto que he recibido por esa advertencia abundantes y ásperas críticas, por parte de ingenuos y románticos… a la vez que no pocos han afirmado, de una u otra manera, lo mismo que servidor dijo, como por ejemplo: Thomas Hobbes, cuya teoría bueno será que recuerden. En ella, su autor propone, en moral, el utilitarismo, y el despotismo en la política, ambas cosas, según él, buscadas y admitidas y asumidas por los hombres, pues los mismos, viendo que en estado natural son todos iguales entre sí y aspiran todos por igual a la satisfacción de sus necesidades, por lo que se da por ello una continua y desesperada lucha entre los mismos; más al percibir que esa lucha hace imposible la convivencia e incluso pone en peligro la sobrevivencia de la especie, llegaron a un acuerdo, hicieron un pacto por el que se comprometían a no aniquilar al otro y transferían sus poderes individuales a un soberano, a uno que los gobernara por el bien de todos y les garantizara la paz y la seguridad a todos. Otro que, de manera indirecta apoya y afirma mi dicho, es Maquiavelo, al exaltar la razón de Estado en su célebre obra El Príncipe. Otros más afirmaron en esencia lo advertido por servidor, los denominados darvinistas sociales, al exponer y defender que las clases dirigente de la sociedad se componen de los hombres mejor dotados, de los que triunfan en la dura competencia de la lucha por existir. En esta cita de los más importantes que han demostrado y con ello confirmado el dicho de servidor, no hay que olvidar a los teóricos de las élites del poder, que de manera extensa y más detalle, afirman y sostienen que desde el inicio de las sociedades humanas, ha habido y hasta la actualidad hay, por las razones que gusten y manden, hombres nacidos para el mando, que son los menos, y hombres nacidos para obedecer, que son los más. Ante este panorama, ustedes, estimados lectores de la presente, me dirán si la globalidad en la que respiran está libre o no de que sigan dando, vueltas y más vueltas sobre el mismo tema. ¿Qué contestan? Deseando que Dios les libre de que sigan dándolas, servidor de ustedes. ARISTÓTELES

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