¿Burrada?

miércoles, 6 de noviembre de 2013
MÉXICO, D.F. (apro).- ¡Ay de ustedes, bípedos implumes! Perdonen que los compadezca, pero mi compasión es sincera, pueden creerme, pues este servidor de ustedes, desde hace siglos, vive un una situación parecida a la que se ven obligados a soportar tantos de ustedes, por estar atrapados en una problemática de la inversión de capitales, en especial de los extranjeros, que bien puede convertirse en una perversión más de la economía al uso. ¡Todo un dilema!, pues los argumentos, los pros y los contras de la mencionada, los pone en la alternativa de dos propuestas, de naturaleza tal, que el pro o el contra que elijan los joderá de todos los modos. ¿Eso parece imposible? ¡Pues no! Y el estimado lector de la presente que tenga la amabilidad de seguir leyéndola, se informará de los motivos de mi opinión, con lo que estará en situación de juzgar si su servidor está o no en lo correcto. Como deben de saber, entre ustedes no faltan, sobre todo entre los que pueden considerarse los más humanos, según Aristóteles, o sea: los políticos, los que creen que el progreso de sus respectivos países está en las inversiones de capital extranjero, por considerarlas uno de los fundamentos de los procesos de desarrollo, por creer que las inversiones de capital provenientes del exterior constituyen una de las condiciones imprescindibles para impulsar la economía de las naciones de desarrollo limitado… bien… pero tampoco faltan entre ustedes los que, considerando al mundo en que respiran, globalizado y estratificado al mismo tiempo, tanto en lo económico como en lo social e incluso en el terreno de las posibilidades, juzgan que la inversión de capitales no es más que una cara del neocolonialismo de un mundo dividido entre ricos y pobres en todos los quehaceres de la humana criatura, en el que las grandes compañías transnacionales, las que mayormente disponen de capitales y las más interesadas en las inversiones del mismo, lo hacen con el fin de asegurar y extender el control, que ya poseen, en el mercado internacional… y por supuesto, para mantener y aumentar sus ganancias económicas. Así como para afirmar y aumentar en lo posible su posición estratégica en ese mismo mercado. ¿Qué les parece? ¿A dónde puede llevar todo esto?... Pues a lo que sigue: como se ha dicho y se dice, sin capital el trabajo humano sería duro y poco productivo, y también se ha dicho y dice que las inversiones de capital tienen la gran virtud de crear cientos, miles de empleos para seres que sin las mismas no tendrían trabajo y correrían el peligro de tener hambre e incluso de morir por ella, junto con todos a los que da de comer… Pues sí… pero los hechos demuestran y confirman que las inversiones de capital han contribuido y contribuyen a debilitar… y por lo tanto a hacer recortes en su personal e incluso a quebrar a pequeñas y medianas empresas… por no poder resistir la apertura y liberación de los mercados que supone e impone la globalización, sistema donde mejor compiten las grandes empresas por sus mejores y más modernas técnicas, organización… y dinero… y también porque, con sus inversiones, han creado y mantienen un derecho supranacional en materia de inversiones, generado con miras a la protección de la inversión extranjera contra las demandas que puedan ser posibles contra la misma por parte del derecho nacional en los países donde se haga dicha inversión… por lo que en no pocos aspectos, los países receptores de inversiones del exterior ven subordinada su soberanía al poder de esas inversiones… a las que la necesidad… o generosamente, ¿por ingenuidad?... ¿o por ignorancia?... les abre las puertas… a lo que en mucho les ayudan las “recomendaciones” de apretarse el cinturón, de hacer recortes en el gasto social… y niegan préstamos si no se llevan a cabo esas recomendaciones… de los centros administradores de los dineros, como por ejemplo el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Estimado lector que amablemente has seguido hasta aquí las razones de tu servidor, supongo que la lectura de la presente ha dado la suficiente información para comprender mi solidaridad con la humana criatura; con los que no saben que hacer ante hechos tan contradictorios; con los que se agitan, sufren y sudan, por la duda y la indecisión; por los que tanto se parecen a servidor, que lleva siglos en el mismo estado y que por el bien que les quiere, pide a Dios que los ilumine y les de la suficiente voluntad para resolver tan penosa situación. Que así sea. EL ASNO DE BURIDÁN

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