Bono: En el nombre del poder, biografía lapidaria

martes, 17 de diciembre de 2013
MÉXICO, D.F. (apro) .- Probablemente ninguna estrella del universo musical ha sabido aprovechar mejor su bien ganada fama en las pletóricas arenas del rock, haciendo de los escenarios políticos internacionales más elitistas su segundo hogar, como esa luminaria irlandesa llamada Paul David Hewson, vocalista del grupo U2 a quien conocemos por el apodo de Bono. Ejemplo de ello nos lo mostró la fotografía del pasado 10 de diciembre tomada en Johannesburgo por Carlos Morales, de la agencia EFE, durante el singular convivio a los jefes de estado que asistieron al funeral de Nelson Mandela. Los dos protagonistas de esta gráfica intercambian un saludo afectuoso: En primer plano, el presidente mexicano Enrique Peña Nieto extiende cordialmente los brazos para estrechar la mano derecha de la modelo rubia sudafricana Charlize Theron (1975), exnovia del actor dublinense Stuart Townsend (1972), destacando al centro de la imagen un tercer observador de sonrisa pícara, sentado en una mesa distante. Se trata de Bono, quien tras las clásicas gafas color de café nos lanza su mirada de largo alcance, robando cámara. Su misión ecológica, amor filantrópico e infatigable labor humanística en beneficio de los pobres olvidados de la gracia de Dios en el “tercer mundo”, le han el ganado a Bono el favor y la simpatía de los más notables jefes de Estado, obteniendo sumas económicas sin precedente desde que en 1985 él y su banda U2 comenzaron a juntar fondos en el concierto Live Aid para aliviar la hambruna en Etiopía. Nominado en tres ocasiones al Premio Nobel de la Paz, Chile le otorgaría el Premio Pablo Neruda, y el expresidente de México Felipe Calderón la Orden del Águila Azteca (si bien Bono no asistió a la ceremonia de entrega en Nueva York, el 26 de septiembre del año pasado “por supuestos problemas en su agenda”). El espíritu cristiano de Bono es alabado en Rompiendo el molde. La historia de Bono, de Kim Washburn (autor galardonado por la Asociación Evangélica de Prensa), cuya traducción al castellano de María José Hofft publicó Editorial Vida de Miami en 2011, donde leemos:
“Para algunos parece extraño que una estrella de rock pueda amar a Dios, creer en la Biblia y cantar oraciones a auditorios de miles. Pero por causa del increíble amor a Cristo, eso es justamente lo que Bono es… “No asombra que busque colaboraciones significativas con artistas de ópera, Rythm’n’Blues, rap, folk, country y rock, que le animen a traer bendición al mundo de maneras prácticas y medibles… Bono todavía toca en estadios llenos, pero sabe que puede hacer más cosas por África trabajando codo a codo con líderes mundiales… Llegó hasta los bancos de las iglesias y amonestó a los que escuchaban para no quedarse quietos ante tanta pobreza y hambre… Pero no todos los grupos cristianos pusieron el mismo empeño. Muchas congregaciones conservadoras respondieron con debilidad, no prestando atención a las luchas de los distantes pueblos africanos… Bono estaba furioso…”
El libro de 104 páginas reproduce la foto de su visita a Johannesburgo el 25 de mayo de 2002, posando abrazado con el difunto Nelson Mandela (www.editorialvida.com). Filántropo capitalista No obstante, hay otro acercamiento menos complaciente a Bono. Se le cuestiona por no guardar distancia ante los omnipotentes mandatarios del capitalismo y ser aliado de empresas globalizadoras, en el estudio a la venta en librerías de nuestro país hace apenas un mes, Bono: en el nombre del poder, del escritor de origen italiano Harry Browne, afincado en Irlanda. La primera edición de 285 páginas, traducida por María Tabuyo y Agustín López para la Editorial Sexto Piso de México (www.sextopiso.mx), anuncia en solapa:
Bono es una de las voces habituales de las campañas humanitarias. Etiquetado por Oprah Winfrey como el ‘indiscutible rey de la esperanza”, destacado en la portada del Time con el titular “¿Puede Bono salvar al mundo?’, es obvio que su labor filantrópica ha traído bienestar a millones de personas en todo el mundo. “Sin embargo, en esta rigurosa y detallada investigación, el periodista irlandés Harry Browne sostiene que es probable que, haciendo balance, Bono haya hecho más daño del que parece, ya que se ha convertido en portavoz y rostro de la élite occidental, defendiendo la visión de personajes como George Bush, Tony Blair, Jesse Helms, Condolezza Rice, Bill Clinton, Steve Jobs y Bill Gates, por nombrar sólo algunos. “Quizá sin saberlo del todo, Bono ha promovido lo que Browne denomina ‘filantrocapitalismo’, un modelo de ayuda basado en la aceptación incondicional de las políticas neoliberales que precisamente son la causa de que dicha ayuda sea necesaria.” El autor va más allá de la celebridad y relata cómo los miembros de U2 cambiaron su dirección fiscal a Holanda para pagar menos impuestos; que cuentan con una red de empresas que logró reportar pérdidas el año en que U2 realizó la gira más taquillera en la historia del rock; que Bono ha anunciado productos de Louis Vuitton y Apple, dos de las compañías responsables de la devastación del continente africano. En palabras de Terry Eagleton, reportero de The Guardian: “Bono el filántropo es el compinche de los banqueros y los neoconservadores”.
Escribe el autor en la introducción Esta no es una canción rebelde:
“Este libro considera a Bono más como un actor político que como un protagonista cultural… Durante casi tres décadas como figura pública, y especialmente en este siglo, Bono ha estado con mucha frecuencia amplificando los discursos de la élite, promoviendo soluciones ineficaces, defendiendo de forma paternalista a los pobres y besando el culo a los ricos y poderosos. “Ha generado y reproducido modos de ver el desarrollo del mundo, especialmente en África, que no son más que una mezcla aparentemente brillante de la actividad misionera tradicional y el colonialismo comercial, en la que el mundo de los pobres existe como una tarea que los ricos deben completar. De unas y otras formas, ha dirigido su atención hacia un planeta de injusticia, desigualdad y explotación salvajes, y no es excesivo afirmar que, de alguna manera, ha contribuido a dejarlo peor de lo que estaba.”
Pero se esté de acuerdo o no en que el cantante “empeora las cosas”, el libro subraya algunos hechos indiscutibles, por ejemplo:
Bono representa una serie particular de discursos, valores y fuerzas materiales dentro del debate más amplio de la pobreza, el desarrollo y la justicia en el mundo. Aunque estos discursos, valores y fuerzas se expresen con frecuencia de manera vaga, pueden ser definidos en líneas generales como conservadores, occidentalocéntricos y procapitalistas; son vistos fundamentalmente como no amenazantes por las élites que han hecho estragos en el mundo, y pueden ser enérgicamente cuestionados y criticados, tanto en cuanto a sus principios como en lo que se refiere a su ineficacia.”
Abunda Browne:
“Sea o no una persona recta, espero que resulte difícil para cualquiera que lea este libro sostener en lo sucesivo que Bono es <de izquierda>. Por supuesto, también diría que tampoco es de derecha. Es precisamente la idea de que los planteamientos tecnocráticos <para resolver los problemas> que él defiende son de algún modo apolíticos, lo que es necesario rebatir. “El ascenso de Bono como operador político desde finales de la década de 1990 está vinculado a procesos más inquietantes en materia de gobernanza transnacional, procesos por los cuales los estados, corporaciones, fundaciones e instituciones multilaterales más importantes han socavado la responsabilidad democrática en todo el mundo, en nombre del humanitarismo. (…) “El gran logro y el gran peligro de Bono es que –de forma no diferente a ese <organizador de la comunidad> que es Barack Obama--. hace una imitación plausible de un activista… (pero) Bono viene en nombre de ese poder, aegurándonos que si hacemos las paces con él –<haciendo campaña>, pero sólo en sus términos—todo irá bien. “Ese poder, fiel a sus pretensiones como empresario promotor de la igualdad de oportunidades, se siente feliz de dar trabajo a una locuaz estrella irlandesa del rock con gafas para el Sol y pantalones de cuero de diseñado a la hora de lanzar el mensaje, si eso es lo que toca.”
Culmina Browne esta introducción con las palabras:
“No es nada personal, Bono, pero me temo que uno de los primeros pasos para buscar la justicia real es dejar de comprar el mensaje que nos estás vendiendo.”
Obvio que para el creador de este análisis lapidario del líder de U2 nacido en Dublín un 10 de mayo de 1960, poco importa si una rola como “En el nombre de Dios” le sale mejor que “Señorita Sarajevo”. Porque Bono: en el nombre del poder cuestiona el papel del vocalista en las arenas políticas enarbolando banderas como salvador del mundo. Nada más, pero tampoco nada menos. Puedes leer un adelanto del libro aquí:

Bono, en el nombre del poder, de Harry Browne by Revista Proceso

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