El Hobbit, de Peter Jackson, desbordado

martes, 24 de diciembre de 2013
MÉXICO, D.F. (apro).- Las versiones cinematográficas de El Hobbit, de Peter Jackson, son entretenimiento basura, a diferencia de El señor de los anillos, una gran trilogía. Pareciera que Jackson tiene la necesidad de demostrar que es excelente cineasta, con asombrosos recursos tecnológicos y conocedor excepcional de Tolkien, a tal grado de que es capaz de reinventarlo. O bien, es posible que todo sea culpa de la ambición: Es más rentable realizar una trilogía que una película. Sea ambición o soberbia, El Hobbit: La desolación de Smaug (The Hobbit: The Desolation of Smaug, 2013) es una cinta desbordada: demasiados personajes, demasiadas subtramas, demasiados diálogos… de tal manera que la belleza de la historia original se pierde, y Jackson no es capaz de generar una historia con belleza propia. Así pues, tenemos a un grupo de enanos, un mago (Ian MacKellen) y un Hobbit (Martin Freeman) corriendo de un lado a otro --perseguidos por orcos, molestados por elfos y acogidos por humanos-- en su intento desesperado por llegar a la Montaña Solitaria, donde yace el dragón Smaug (Benedict Cumberbatch). No hay tiempo para encariñarse con una u otra persona porque todo pasa muy rápido; tampoco hay tiempo para disfrutar de ningún detalle de la cinta, pues cuando no llegan los orcos a estropearlo todo, algún personaje está dando un discurso cuya única intención, pareciera, es quemar tiempo de película. Con todo, si se tiene la idea de ver una cinta para vivir la experiencia de subirse a una montaña rusa de emociones y efectos especiales sólo para pasar el rato, es disfrutable, pero está lejos de ser un clásico como podría ser El señor de los anillos. La medianía de la película permite que un fan de JRR Tolkien, como este columnista, esté dispuesto a ver la última entrega el año que viene.

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