Cine: Hitchcock sin suspenso

lunes, 11 de febrero de 2013
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Es ya un hecho indiscutible que la historia del cine no sería la misma sin el legado de Alfred Hitchcock; la revelación de ciertos aspectos de su personalidad, principalmente asociados con la actriz Tippi Hedren, han enfangado un tanto la estela del genio. Da la impresión de que Hitchcock, maestro del suspenso (Hitchcock; E.U., 2012) intenta resanar la imagen del creador de Vértigo; la consecuencia es que el director Sacha Gervasi reduce la complejidad del artista a dos lugares comunes: en el fondo era un niño caprichoso, con miedos y obsesiones, y detrás de todo gran hombre hay una gran mujer. El punto de partida de Hitchcock llevaba una gran ventaja, en vez de elaborar una típica biografía (biopic), la cinta se concentra en la gestación y las condiciones del rodaje de Psicosis, basada en una adaptación del libro de Stephen Rebello; el episodio fue dramático porque Hitchcock se había obsesionado por la novela de Robert Bloch; quería reactivar su carrera con esta película, pero las distribuidoras rechazaron financiarla; Hitchcock tuvo que financiarla de su bolsillo. La anécdota era una ventana, una forma de metonimia, para explorar el universo del maestro y la política del Hollywood de 1960. Por razones burocráticas que suenan a pura mezquindad, a Gervasi le prohibieron utilizar cualquier imagen de Psicosis (Psycho), por tanto no puede ilustrar la explicación que da Hitchcock a los censores del Código Hays acerca del montaje en la secuencia del asesinado en la ducha. Gervasi intenta compensar mostrando la relación de Hitchcock (Anthony Hopkins) con Alma Reville (Helen Mirren), esposa y colaboradora del maestro; Alma cuida el jardín con el mismo cariño que vigila la dieta del goloso marido, tolera la fijación del maestro por la rubia en turno o lo ayuda a encontrar el ritmo en la edición. El lado perverso del director de Frenesí se reduce a espiar a sus actrices en el camerino; y si las controla es porque quiere convertirlas en estrellas rutilantes, pero ellas no lo entienden. Esto, junto con los tirones de orejas de la esposa-mamá indulgente, lo reduce a un niño bueno aunque tirano, sobre todo porque la vida sexual entre los esposos es nula. El empeño por mostrar el aspecto doméstico se extiende a las actrices de Hitch, por ejemplo Janet Leigh (Scarlett Johansson), quien después de mostrar qué bien mueve la cadera cuando camina, comienza hablando de su familia y de sus hijas. La propuesta es interesante, pero sustituye un estereotipo por otro, el de la construcción de una imagen de normalidad a partir de una idea de familia americana. El retrato mejor logrado es el de Tony Perkins (James D’Arcy), que en unas cuantas frases se asocia al personaje de Psicosis; pero la simplificación del proceso de filmación desaprovecha al personaje. Claro, ningún idólatra de El mago del suspenso quedaría satisfecho con el enfoque de Gervasi, pero el trabajo de Anthony Hopkins revive al maestro y lo acerca al público; además, ver actuar a la reina Mirren siempre es un regalo.

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