Arte. Pintura emergente: Rodrigo Ramírez

miércoles, 13 de febrero de 2013
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Con una interesante propuesta que sobresale por la contundencia de la exploración pictórica, el joven artista Rodrigo Ramírez (México, 1988) presenta la exposición Nubes Topológicas en la Fundación Sebastián, en la Ciudad de México. Ajeno a las simplistas y repetitivas tendencias promovidas en los escenarios comerciales e institucionales –como en la XV Bienal Tamayo–, Rodrigo Ramírez ha optado por una investigación formal que se sustenta en la solidez teórica, se fortalece con la gestión autónoma y se difunde gracias a la solidaridad del escultor Sebastián (Chihuahua, México, 1947). Constituida en 1997 por el prestigiado y controvertido artista, la Fundación Sebastián ha apoyado, desde 2011, la exposición de propuestas emergentes provenientes de los alumnos del pintor Ulises García Ponce de León. Organizadas por la pintora emergente Valentina Olmedo, las exhibiciones se han convertido en una acertada –aun cuando no siempre exitosa– alternativa ante las imposiciones tribales y extranjerizantes de los museos gubernamentales. Integrante del grupo de alumnos formados por García Ponce de León, Rodrigo Ramírez destaca por su problematización del lenguaje pictórico. Admirador de la teatralidad de las estéticas manierista y barroca –principalmente Tintoretto y Tiepolo–, Ramírez construye cada imagen como un escenario que transmuta el espacio moderno racional, plano y sin profundidad, en una espacialidad vertiginosa que se relaciona con la percepción corporal y emotiva del espectador. En el contexto narrativo, las nubes son el detonante visual y temático que inicia la construcción dibujística y cromática de la espacialidad. Concebidas como formas carentes de materia, las nubes, al igual que el color, se perciben gracias al misterio visual de la luz. Con movimientos y transformaciones permanentes, las nubes, registradas y alteradas mediante procedimientos fotográficos por Ramírez, se reinventan pictóricamente exaltando vibraciones y timbres cromáticos que la tecnología es incapaz de comunicar. Inmersas en escenarios ficticios que fusionan el vacío con la presentación de atmósferas infinitas, las nubes se convierten en pretextos de una ontología pictórica que, ajena a la abstracción, sugiere la existencia de entes formales constituidos por líneas, grafías, colores, tonos, materia difusa y materia empastada. Constituidas por una materialidad tan intangible como el color, las nubes se deshacen en atmósferas sorpresivamente armónicas a pesar de la estridencia o sutileza del color. Ocupado actualmente en la conversión de la pintura en un territorio de conocimiento estético, Rodrigo Ramírez forma parte del numeroso grupo de pintores emergentes que carecen de programas gubernamentales de posicionamiento legitimatorio y comercial. Su propuesta, ignorada todavía por los galeristas que controlan la cartelera museística y ferial, evidencia la necesidad de dinamizar el pensamiento, consumo e inteligencia pictórica del escenario artístico de México.

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