Cine: "El Premio"

domingo, 17 de febrero de 2013
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Muy cerca del mar vive Ceci, una niña de siete años, en una casa destartalada y asediada por el agua y el viento fríos; la madre de la chica a duras penas impide que la arena las invada a través de puertas y ventanas rotas. Madre e hija viven en la clandestinidad porque el ejército argentino las busca; el lugar es San Clemente del Tuyú, durante la década de los setenta. Ceci decide ir a la escuela y hacer amigos. Historia autobiográfica que dirige Paula Markovich, El premio (México-Francia-Polonia-Alemania, 2011) aborda el trauma de la represión militar desde la óptica de la infancia; aunque el recurso dramático de confrontar la brutalidad del poder con el candor de la infancia no es nuevo, el enfoque de esta realizadora argentina afincada en México es innovador, evita uno a uno los lugares comunes del género, empezando por el discurso político. A cambio de sangre y tortura, argucias y explicaciones, Paula Markovich contempla el proceso de interiorización del absurdo del horror en el alma de una niña que apenas muda dientes de leche; El premio no esconde su visión metafísica; el mar y la tierra, tan viejos como son, participan en el drama, juegan en él y le prestan su sustancia metafórica. Ceci (Paula Galinelli) camina en esa frontera, borrosa y siempre en pugna, entre mar y tierra; lo revela la secuencia inicial de una figurita que camina extrañamente sobre la playa del mar gris que amenaza con tragársela; con mucho arrojo, la nena usa sus patines sobre la arena. Paula Markovich observa cómo la psique se construye en ese constante golpeteo del afuera con el adentro, para eso contrapone tierra y mar, casa y paisaje, madre e hija, secreto y denuncia, vida y muerte; pero Ceci es todavía como las dunas de arena sobre las que juega con sus amigos, resbala, rueda y vuelve a empezar, la consistencia se adquiere con dolor; y la dimensión del dolor no se abre por completo hasta que la niña comprende qué es el lenguaje y cómo transita el sentido entre el hablar y el escribir. Lucía (Laura Agorreca) es una madre en estado puro, de manera oblicua se sabe mucho de ella, es activista política, artista, vive en el terror por ella y por su hija, a la cual admira y soporta. Paula Markovitch es una estupenda guionista, coautora de dos de los guiones más importantes de la década pasada en el cine mexicano (Temporada de patos y Lake Tahoe); el guión de esta cinta que ella dirige se libra de la tentación melodramática de este tipo de autobiografía; pero el mérito principal es que El premio rebasa su propio mensaje político, sin traicionarlo, claro está. Además de reafirmar la aversión contra el fascismo y de  su  impacto  en la infancia y las instituciones que suponen defenderla, El premio fascina por la exploración que hace de un lado abismal del arquetipo materno; en la ausencia del padre (castración militar), y si no fuese por el ímpetu de Ceci, esta madre de arena la sofocaría, y queriéndola proteger, terminaría por sepultarla.

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