Teatro: La ley del ranchero

jueves, 21 de febrero de 2013
MÉXICO, D.F. (Proceso).- En un bar gay del norte de nuestro país, un asesinato marca la historia de tres parejas. Las parejas comparten el mismo espacio y el mismo acontecimiento, pero su problemática es sólo entre ellos. Problemas de amor y pasión, de desencuentro o cambio de sexo, de abuso e incomprensión. En esta realidad nocturna se desenvuelven rancheros muy machos y muy gays que tienen secretos que reclamarle al otro, verdades que develar o amenazas que cumplir. Son trasvestis o transexuales, homosexuales o bisexuales a quienes la pasión les corroe las entrañas. Hugo Salcedo, autor de La ley del ranchero que se presenta actualmente en el Foro la Gruta, nos descubre un mundo oculto para muchos. Experimenta con el lenguaje y la estructura dramatúrgica para ver con ojos de mosca un acontecimiento. Dentro de un mismo espacio, al espectador se le presentan las historias independientes unas de otras, para que poco a poco vaya descubriendo las constantes y el hilo oculto que las une. El rompecabezas se va armando hábilmente, convirtiendo al espectador en un testigo activo. El autor propone a Kid como protagonista y funge como un narrador ubicado fuera del bar que cuenta al público su historia desde el presente. Kid es un joven ranchero que sale huyendo de su pueblo y llega a la ciudad para enfrentarse a un mundo que desconoce. Su historia progresivamente se va relacionando con lo sucedido una noche. Édgar Valadez interpreta con solvencia a este personaje y es también el director de la puesta en escena. Los cuatro monólogos de Kid, intercalados a las tres historias que suceden en el pasado, juegan con el desdoblamiento del personaje en algún otro personaje y sorpresivamente descubren su verdadera participación dentro de la trama de la obra. Con un lenguaje bronco y norteño, Hugo Salcedo combina el rigor del decir con lo poético de lo grosero. El resultado es provocador y atractivo, lo cual está bien resuelto por el director en la puesta en escena. Édgar Valadez escoge una estética que retoma del cómic y cubre así paredes, mesas y sillas con imágenes de historietas. Unifica la visual y resuelve ágilmente los cambios de escena. En las transiciones, la música norteña entra y sale pero al no fondearla se vuelve torpe. La calidad de las actuaciones es irregular, resaltando la construcción que Juan José Sánchez hace del trasvesti que interpreta: su forma de hablar, de caminar y sus reacciones frente a lo que se siente involucrado. Si bien la propuesta dramatúrgica es sugerente al mostrar la convivencia masculina en un bar gay donde la diversidad sexual es boyante, extraña que el director haya incluido en su reparto a dos mujeres: una para interpretar débilmente a un jovencito y otra para caracterizar a un hombre que ha cambiado de sexo. Al romper la convención, las problemáticas de los personajes se diluyen y la ficción se trastoca. La ley del ranchero, que forma parte del Ciclo de Ópera Prima que el Foro la Gruta presenta todos los miércoles, es una propuesta que devela con luminosidad lo oscuro de sus personajes y proyecta con fuerza el underground fronterizo de nuestro México.

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