Los juegos del destino: un roto y una descocida

martes, 26 de febrero de 2013
MÉXICO, D.F. (apro).- Al ver el reparto de la cinta, uno podría pensar que se enfrentaría con una obra bastante floja, pero para sorpresa de todos, Los juegos del destino (Silver Linings Playbook, EU-2012), de David O. Russell, terminó siendo una estupenda comedia romántica. Y es que hace mucho tiempo que De Niro no hacía un trabajo decente, y en el caso de Bradley Cooper… pues bueno, nunca se ha caracterizado por realizar grandes papeles dramáticos. La historia va así: Luego de una breve estancia en una institución mental, el antiguo maestro Pat Solitano (Bradley Cooper) regresa a vivir con sus padres para enmendar su vida y recuperar a su adorada esposa. Todo fuera como eso. Resulta que Pat fue recluido en esa institución debido a un incidente de violencia doméstica. Pat tiene trastorno bipolar y es posible que su esposa no quiera ni verlo, y es posible también que su condición clínica lo meta en problemas. Para apoyar a Pat en su proceso está su familia: su cariñosa y aprehensiva madre Dolores (Jacki Weaver); su obsesivo-compulsivo padre Pat (Robert De Niro), fanático del futbol americano; su exitoso, estirado y atrabancado hermano Jake (Sea Whigham) y, por último, su compañero de encierro, un carismático y lunático sujeto llamado Danny (Chris Tucker). Y para añadir un poco de dificultad a la vida de Pat, tenemos a una ninfómana en recuperación llamada Tiffany (Jennifer Lawrence), que por momentos no sabemos si está para ayudar a Pat o para hacerlo fracasar. La cinta resulta un interesante estudio sobre las relaciones de pareja a través de la patología de Pat y Tiffany. De pronto, los protagonistas de la historia terminan siendo más cuerdos y realistas en su discurso de pareja que muchas de las personas que consideraríamos normales. De manera secundaria, el tema de las relaciones de pareja se extiende hacia los lazos afectivos que tendemos hacia los amigos y la familia. El dilema central, al gusto del que esto escribe, sería: en qué momento debes vivir y dejar vivir al otro, es decir, en qué momento debes quedarte a luchar por una relación y en qué momento debes aceptar que la relación que estás viviendo no te va a llevar a ningún lado. La noción de “normalidad” se diluye mientras los problemas de los protagonistas afloran. Si algo podemos criticarle a la película son dos cosas: uno, la patología de los personajes funciona a veces como un arma de chantaje emocional. Y dos, hay situaciones que se resuelven gracias a algunos intercambios de información que ocurren (o podrían ocurrir fuera de cámara) y que uno, como espectador, está obligado a aceptar dicha convención, que parece un recurso tramposo y facilón. De ahí en fuera, Los juegos del destino es una comedia inteligente, por momentos un poco cursi, pero no por eso menos magnífica, con grandes actuaciones: Una Jennifer Lawrence cautivadora, un carismático y atormentado Bradley Cooper que te hace creer que los finales felices existen, y un adorable y colérico De Niro que te hace recordar lo grandioso que es como actor.

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