Música: El Verdi único de la OSN

jueves, 28 de febrero de 2013
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Revisando la primera temporada de este año de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), con excepción de los dos conciertos realizados el viernes y domingo pasados, ningún otro incluye obra alguna de Giuseppe Verdi (1813-1901), cuyo bicentenario de nacimiento (al igual que el de Richard Wagner), está siendo celebrado en todo el mundo (el occidental por lo menos). Qué bueno, entonces, que Enrique Patrón de Rueda (posiblemente el director mexicano de mayor experiencia en dirigir ópera), actuando como huésped de la OSN, haya decidido hacer un programa íntegramente dedicado a Verdi y que, además, haya invitado a la soprano estadunidense Elizabeth Blancke-Biggs. Como no podía ser de otra manera (en realidad sí podía pero otro repertorio hubiera resultado menos atractivo para nuestro público mayoritario), el programa se integró con algo de lo más conocido y gustado de la creación verdiana, es decir, La fuerza del destino, Aida, Ernani, Vísperas sicilianas, Don Carlo y, debe destacarse, algo que no es muy común en nuestros escenarios, Macbeth. Abrió el concierto con, por supuesto, la obertura de La forza… a la cual siguió inmediatamente, igualmente por supuesto, el aria Pace, pace mio Dio de la misma ópera, que permitió aquilatar de entrada el nivel de calidad de la bella, joven y agradabilísima Elizabeth. Siguió la obertura de Aida y a ésta la difícil aria O patria mia, sucedida por el ballet de la escena segunda del segundo acto. Cerró esta primera parte con Ernani, de la cual la soprano interpretó, como usted ya adivinó, Ernani, involami. En contra de lo que cabría imaginar, la segunda parte no inició con una obertura o algún interludio, sino directamente con la participación de la cantante que abordó Mercé, dilette amiche de Las vísperas… y, sin más reposo que el tiempo que duró la ovación que mereció su aria, se lanzó con Tu che la vanita de Don Carlo. Aquí sí era ya necesaria una pausa vocal, por lo que don Enrique guió la orquesta por la obertura de Las vísperas sicilianas y dejó abierta la puerta para el gran final cantábile que la señora Blancke-Biggs realizó estupendamente, nada menos que con Vieni, t’ affreta de Macbeth. La faena estaba completa, vocalmente la tarde había sido redonda pero, no obstante eso, la gentil Elizabeth ofreció un encore (otra aria de Macbeth) con el cual el público –que llenó Bellas Artes, debe consignarse–, terminara de rendírsele. Ante los resultados vocalmente brillantes, el buen desempeño de nuestra Sinfónica Nacional que fue de menos a más, la concertación entre cantante y atrilistas debida al director, y el lleno de la sala, necesariamente surgen interrogantes como: ¿Por qué no se piensa en realizar otros conciertos semejantes?, ¿porqué nunca antes habíamos tenido la oportunidad de auténticamente disfrutar a Elizabeth Blancke-Biggs, soprano lírico-spinto de bello timbre de sonido pastoso, buena técnica, grata figura y gran afabilidad?, ¿marcarán estos dos conciertos el regreso de Patrón de Rueda a Bellas Artes?

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