Teatro: Norma Román Calvo

martes, 5 de febrero de 2013
MÉXICO, D.F. (Proceso).- El 28 de enero, a sus 88 años, Norma Román Calvo se fue a hacer mitote a otra parte. Su vitalidad la mantenían siempre joven, contagiando a los que la rodeaban de una energía emprendedora con la que pudo escribir más de cincuenta obras de teatro, impulsar gran números de libros para difundir la dramaturgia mexicana y enseñar teatro y literatura en secundarias y preparatorias, en la Sogem y muchos años en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Sus alumnos han escrito hermosas cosas sobre ella, los directores y actores que participaron en el sin fin de montajes de sus textos dramáticos llevan un pedazo de ella en su experiencia escénica, y el teatro mexicano se queda sin una figura importante en la dramaturgia, la docencia (publicó más de cinco libros al respecto) y la difusión teatral. Román Calvo fue una dramaturga  interesada en la idiosincrasia mexicana, y su teatro se enmarca dentro del teatro popular. Hábil en los diálogos y sobre todo en su capacidad humorística, recreó historias que le habían contado, costumbres mexicanas o ejercicios con una estructura dramática más contemporánea. La lectura de su teatro nos lleva a conocer, a través de la risa, más de nuestra realidad y del alma del mexicano. Los libros que ella impulsó hacen evidente la pluralidad y riqueza de nuestra dramaturgia mexicana en donde ella siempre publicaba sus obras. Entabló contactos primero con la Editorial Árbol y posteriormente con Editorial Pax de México para editar antologías sobre Teatro para adolescentes y jóvenes (1982), Teatro para amantes del teatro (2000), Teatro gay (2002), Teatro de humor para jóvenes (2002), por ejemplo. Desde 1987 comandó el Grupo de los Doce, conformado por dramaturgos entre los que se encontraban Víctor Hugo Rascón Banda, Marcela del Río, Pilar Campesino, Tomás Urtusástegui y Antonio González Caballero. En 1987 pusieron en circulación el libro Doce a las doce, en donde cada autor escribió una obra que sucedía en una hora del día, y en el 2008 Norma Román Calvo convocó al grupo para otra antología en dos tomos: La piedra de la locura y otras obras, y Viajero sin equipaje y otras obras. En La piedra de la locura, por ejemplo, la autora evoca el famoso cuadro de El Bosco y presenta al lector la lucha entre la ciencia y la Iglesia por “civilizar” al hombre y deja en duda sobre quién es realmente el loco. La dramaturgia de Román Calvo maneja por igual la estructura aristotélica (Dónde vas Román Castillo o El enigma del esqueleto azul) que las obras no aristotélicas, ya sea de corte brechtiano como Este es el juego o Más allá del mar, o farsas del absurdo como Los mimos parlantes y La piedra de la locura. También tiene obras escritas en verso como Pollo, mitote y casorio, Los compadres y Delgadina y la reina su madrina. Sus piezas de teatro siguen entrando y saliendo de cartelera constantemente y son llevadas a la escena por profesionales, o se montan sin parar en escuelas y universidades. De estos últimos años recordemos, entre otras, En un lugar de la Mancha, dirigida por Raúl Peretz de Teatro de los Volcanes, ¿Cómo te quedó el ojo, Lucifer?, presentada en el Centro Nacional de las Artes, y Un largo intermedio dirigida por Germán Castillo en el Teatro el Granero en el 2010. Norma Román Calvo siempre firmó sus obras y sus contratos –a pesar de los problemas que le ocasionó–, como Román Calvo ya que ella alegaba la dificultad de las mujeres por ser reconocidas. Sólo a principios de su carrera se pensó efectivamente que su nombre era Román, pero después fue conocida por su nombre completo. Ganó diversos premios y reconocimientos, (Premio Máscara de la ACAM, Premio TIAFT de Japón y Premio al Mérito de la AMIT, entre otros), aunque nunca le otorgaron el Premio Nacional de Dramaturgia Juan Ruiz de Alarcón, el cual desde 1988 se entrega anualmente y sólo lo han obtenido no más de cuatro mujeres. Rafael Solana, en una de sus crónicas, hace su reconocimiento: “Si hay un autor que pueda decir que nos produce encanto, delicia y al mismo tiempo saludable edificación, ése es Román Calvo.”  

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