Arranca la danza

miércoles, 13 de marzo de 2013 · 13:35
MÉXICO, D.F. (apro).- Por fin se inician las temporadas dancisticas en la Ciudad de México. En pausa desde principios de diciembre pasado, las principales compañías independientes y los coreógrafos autores de proyectos especiales muestran sus nuevas obras, reposiciones y obras de repertorio. No obstante, los espacios ad hoc para ello, como el Teatro de la Danza del INBA y la sala Miguel Covarrubias de la UNAM, parecen relegadas frente a la necesidad de múltiples creadores de encontrar foros para sus obras. Ante tal suceso, salones de danza, talleres, plazas públicas dan cabida a propuestas experimentales y a los llamados trabajos en progreso para que sus autores logren obtener fondos y apoyos económicos. En ese sentido queda claro de que, a pesar de que las autoridades culturales afirman que el sector cultura, y en especial el de las artes escénicas goza de estupenda salud, basta con asomarse a la falta de espacios para mostrar obras de gran complejidad formal y con necesidades de producción muy específicas. No hay teatros suficientes, y lo peor no es eso, sino que los que existen carecen de mantenimiento adecuado y no tienen condiciones de excelencia en la mayoría de los casos. Esto se puede corroborar fácilmente si uno se asoma al Centro Nacional de las Artes, donde, desde el Teatro de las Artes y hasta el Foro Experimental se encuentran en pésimas condiciones, y subutilizados debido a sus grandes carencias. Y mientras que en las grandes urbes se cuenta con teatros especializados en múltiples barrios, en la Ciudad México, la más grande del mundo, apenas si hay siete u ocho teatros de alto nivel y de ellos la mayor parte está sin programación por falta de recursos o no son parte de un proceso de curaduría especializada para su programación. Por lo pronto, el espacio más solicitado para dar cabida a la demanda de los creadores de un espacio para presentarse es el Teatro Esperanza Iris del gobierno de la ciudad. Ahí se han programado los trabajos de Cecilia Lugo, Óscar Ruvalcaba e Isabel Beteta. Otro espacio en temporada es el Teatro Benito Juárez del INBA donde Jaime Camarena se encuentra en temporada. Marco Antonio Silva regresa por fin con una propuesta que se lleva a cabo en academias de danza, talleres y en plazas. Siempre imbuido en proyectos experimentales le viene bien exhibir así sus obras, porque, como es bien sabido, en el medio siempre modifica secuencias y hasta el sentido de lo que hace en base su ánimo temerario. Marcela Sánchez y Octavio Zeivy establecieron un taller para formar a los cuadros de bailarines para su próximo estreno, Rocio Becerril hizo una instalación en el salón de danza de la UNAM. Cabe entonces la pregunta de quién se entera de que se llevan a cabo este tipo de escenificaciones, talleres y muestras. Si se considera el número de habitantes de la ciudad, es obvio que nadie. Porque en materia de difusión las instituciones han decidido no invertir más en publicidad y utilizar solamente los canales oficiales y redes en internet para convocar a un reducido número de personas. Este problema ha implicado que los propios grupos hayan tomado medidas en un intento muy limitado de hacerse ellos mismos su propia difusión y relaciones públicas. Mientras la empresas privadas, los canales comerciales, la radiodifusoras comerciales y los medios escritos como diarios y revistas hacen un seguimiento mínimo de lo que sucede en la danza contemporánea frente a la creciente demanda por noticias de espectáculos y del cotilleo político de moda. Si bien los cambios de poder afectan profundamente al desarrollo artístico, es claro que la edad media panista redujo a profundidad el mantenimiento a los teatros y en algunos casos, como el Palacio de Bellas Artes, le dieron al traste a lo que funcionaba más o menos para dar paso a modificaciones desastrosas. Con sólo pisar el foro de ese teatro se puede sentir que el piso es un desastre y que no hay linóleum que lo pueda ocultar. Años van y vienen, partidos van y vienen y hasta ahora, ha sido imposible generar condiciones adecuadas para que los grupos trabajen con decoro y sin tener que convertir a los coreógrafos en gerentes, empresarios, productores y jefes de información. Si no se mejoran las condiciones de trabajo, los mejores artistas verán pasar sus obras sin pena ni gloria y el público, sin apoyo educativo y de sensibilización optará por lo que más se promueva por la vía comercial.

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