Tomás Urtusástegui, 80 años

martes, 19 de marzo de 2013
MÉXICO D.F. (apro).- “El teatro, como muchas otras cosas de la vida, no se aprende sólo con teorías, es necesario aplicar éstas. La práctica, el estar escribiendo continuamente, es desde mi punto de vista mucho más importante que cualquier otro método de enseñanza.” Con estas palabras el reconocido escritor y dramaturgo mexicano Tomás Urtusástegui (Ciudad de México, 1933), inicia la introducción de su Manual de dramaturgia, concepto que sin duda define lo que ha sido su quehacer teatral, pasión que ha llenado su vida después de haberse dedicado al ejercicio de la medicina hasta los 50 años de edad. El pasado 12 de marzo el maestro Urtusástegui cumplió 80 años de prolífica vida, y la mejor manera de festejarlo --afirma el autor de casi 400 obras a lo largo de los 30 años que ha dedicado a la dramaturgia-- es ver sus trabajos en el escenario. En este sentido Urtusástegui es también uno de los autores más generosos en lo que a derechos de autor se refiere, quizá por ello sus obras son de las más montadas por diversos grupos teatrales, profesionales y amateurs, a lo largo y ancho de la República Mexicana. Creador de textos como Agua Clara, Huele a gas, Y retiemble en sus centros la tierra, Yo solo sé que te vas, yo solo sé que me quedo y Vida, estamos en paz, considera: “Aprenderá a escribir teatro quien dedique tiempo a hacerlo y tenga una mínima facilidad para lograrlo. Sin esta facilidad es inútil cuanto se haga. “El dramaturgo nace y se hace, ambas cosas; no basta con nacer con la facilidad, es necesario estudiar y trabajar; pero tampoco logra gran cosa el que no nace con esa facilidad a pesar de que estudie o trabaje.” Urtusástegui conoció esta facilidad después de cumplir 50 años de edad, cuando empezó a tomar clases de dramaturgia, primero en el taller de Hugo Argüelles, donde compartió “banca” con Sabina Berman, José Ramón Enríquez, Víctor Hugo Rascón Banda y Jesús González Dávila, entre otros que en los años 80 del siglo pasado fueran calificados como los autores de la Nueva Dramaturgia Mexicana. Posteriormente ingresó también al taller de Vicente Leñero. Al respecto, considera que Argüelles le brindó las bases teóricas de la dramaturgia y Leñero las prácticas. “La construcción de personajes me la enseñó la realidad, con sus conflictos y situaciones cotidianas. Lo demás lo he aprendido en su práctica teatral de 30 años como autor, director, tallerista y con su contacto permanente con los jóvenes teatreros del todo el país. “El teatro --afirma-- puede definirse de muchas formas, a mí me gusta decir que el teatro es ante todo comunicación. Comunicación artística si se quiere, pero comunicación al fin de cuentas. Por medio de él nos transmiten pensamientos, ideas, sentimientos y sensaciones, nos dan información y enseñanzas, un ser humano vivo se comunica directamente con otro ser humano. Esta es una de las ventajas que tiene el teatro frente a los otros medios de comunicación. El teatro siempre es vivo y cambiante.” En opinión del también dramaturgo, Luis Mario Moncada, “Tomás tomó la elección de atender a un público, su premisa ha sido trabajar para un público que entiende su teatro y lo festeja, por eso es un autor muy prolífico, porque entiende la relación con el público y este hecho es también el que lo mantiene vigente”. Larga vida al maestro Tomás Urtusástegui.

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