¿Quién es responsable?

martes, 26 de marzo de 2013
MÉXICO, D.F. (apro).- Por perdido en el laberinto de mis ambiguos pensamientos, donde los sí y los no me traen a maltraer por caminos que no me llevan a ninguna salida, es por lo que escribo la presente a este buzón, por si entre los posibles y estimados lectores de la misma reencuentran algunas de ideas más claras que las de este servidor y por ello tengan el hilo salvador que me saque del mismo. Si así fuera, lo agradeceré sinceramente. Todo comenzó al preguntarme si, como humano, integrante de esta sociedad global en la que respiramos, la misma me trataba como súbdito o como ciudadano, consciente de que ambos calificativos se aplican a entes de diferente clase. Como no se ignora, el súbdito es todo aquel ser sujeto a la autoridad de un superior con la obligación de obedecerle, autoridad que puede proceder de un rey por la gracia de Dios, hecho corriente en el pasado y que hoy, afortunadamente, ya no ocurre, o de un tirano, de un despótico dictador. Por lo contrario, el ciudadano es todo aquel individuo que se supone goza de ciertos derechos políticos y sociales de los que no puede ser despojado por ninguna autoridad, y están reconocidos, protegidos y hasta defendidos por el Estado; derechos que le permiten formar parte del gobierno, o sea, si se cumple con todo ello, puede decirse que se vive en democracia. Ese fue el primer paso con el que entré en el laberinto de mis contradicciones, de lo que se me decía, escuchaba y ver lo que ocurría a mi alrededor, y sentir lo que pasaba con mi persona. La verdad es que, felizmente, como la mayoría de mis congéneres, no vivo en una teocracia, esto es, en esa forma de ordenación política en la que los gobernantes ejercen el poder como representantes directos de la divinidad, ni tampoco en una autocracia, en una dictadura, es decir, en un gobierno en el que un solo hombre reúne todos los poderes y usa de ellos de una manera ilimitada, hasta el abuso, mas ¡ay!, tampoco puedo afirmar que vivo en democracia, en esa forma de gobierno en la que el pueblo, los más, ejerce la soberanía; forma de gobierno del pueblo, por el pueblo y pata el pueblo, como dijo Abraham Lincoln, sino al contrario, más bien respiro y me muevo… ¿o me mueven?... en una sociedad dirigida por una minoría en la que la mayoría ciudadana, como también servidor, fiados en sus promesas, por medio del voto delega la parte del poder soberano que posee cada uno, en la creencia de que esa minoría, así elegida, será la representante, protectora y hasta la fiera de defensora de los inalienables derechos de los que por ella votaron llegado el caso, y sus procuradores en hechos para remediar las carencias y necesidades de esos sus votantes… mas, ¡ay!, otra vez, pues esa minoría no es, en la mayoría de las circunstancias en que llega al poder, el gobierno de los mejores, como tampoco lo fueron los gobiernos aristocráticos del pasado. Cuando más bien nos va es en los casos en que esa minoría en la que se delegó el poder de los votantes, nos gobierna como el denominado “despotismo ilustrado”, forma de administración política que los reyes, durante el siglo XVIII, impusieron sus súbditos con la divisa de “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”, por considerar que el gobernante sabe lo que es mejor y más conveniente para sus gobernados… lo que no deja muy bien parada que digamos a nuestra individualidad de ciudadanos… a nuestros derechos políticos y sociales que se supone que ninguna autoridad puede despojarnos en regímenes que presumen de democráticos. Todo lo anterior lleva a su servidor a pensar que nos movemos en una sociedad donde se está librando una guerra entre las ideas y los hechos, en la que no alcanzo a ver de qué lado está la realidad y la razón; de que nos movemos en una sociedad en la que mucho se habla del capital humano, de la soberanía del individuo, de sus derechos, en un momento en que en la misma las soberanías de los países están en retroceso, son cada día más disminuidas y menos tenidas en cuenta, con lo que se está pasando, por así decirlo, del politeísmo de las soberanías nacionales al monoteísmo económico, con lo que se esta sacrificando la parte del poder soberano que se asegura que cada individuo posee y delega por el voto, al libre mercado competitivo. Ante esta realidad, pregunto: ¿Es que la democracia tan cacareada no es más que un mito que enmascara, legitima y justifica la cruda realidad de que nos movemos en una sociedad mentirosa, hipócrita en muchos casos? ¿Qué decir en relación a esto? Si es así, ¿quién es el responsable? ¡Quiero saberlo! ¿Alguien me puede responder? En la angustiosa espera de que así sea. EL TÍO LOLO

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