Cine: "Terapia de riesgo"

domingo, 31 de marzo de 2013
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Steven Soderbergh es el prototipo del director disparejo; la Palma de Oro que ganó en Cannes por Sexo, mentiras y video (1989) marcó un hito en la historia del cine independiente; el resto de su filmografía, sin embargo, camina sobre la delgada línea entre el entretenimiento y el cine de arte; elegante y académico, pero demasiado versátil y bien acodado con el encanto de Hollywood, Soderbergh nunca alcanza a sostener la mirada crítica que propone en Erin Brocovich, Traffik o El Che, por mencionar las más atrevidas. Un realizador que contaría con suficiente influencia como para darse el lujo de hacer un cine impecable. Emily (Rooney Mara) requiere tratamiento psiquiátrico porque se colapsa ante la presión del trabajo y la demanda de un marido (Channing Tatum) recién salido de la cárcel; el doctor Banks (Jude Law) se interesa en su caso y decide experimentar con un nuevo medicamento, Ablixa, potente antidepresivo del cual aún no se conocen los efectos secundarios (de acuerdo con el título de la película en inglés); la carrera del psiquiatra se va literalmente por el caño cuando Emily empieza a cometer desaguisados en episodios psicóticos; ya sin nada que perder, el doctor Banks decide ir al fondo del asunto para entender cómo ocurrió la caída. Terapia de riesgo (Side Effects; EU, 2013) condensa lo mejor del estilo visual del director y lo más endeble de sus mecanismos narrativos. La ironía y la crítica a la industria farmacéutica, a la forma de vida americana que depende cada vez más de antidepresivos, y a los medios que venden la promesa de la píldora de la felicidad, se desliza hacia el thriller erótico, misógino (dicho sea de paso), que funciona como mecanismo de relojería, y nada más. Los homenajes a Hitchcock proliferan, pero cuando se habla de thriller erótico habría que marcar la línea entre un thriller con tema erótico sin erotismo (como sería el caso en esta cinta), y el thriller cargado de erotismo (como sería el de Hitchcock). Scott Burns es responsable del guion; seguir la línea anti-corporativa habría dado una cinta de tema muy negro, el espectador se habría ido a casa con tarea y muchas dudas sobre el sistema psiquiátrico americano; un tipo inteligente, genial, como afirma la doctora Siebert (Catherine Zeta-Jones, con lentes para pasar por intelectual seria) cuando se refiere a Banks, o terminaba en héroe fiel a su práctica aunque destruido por el sistema, o se convertía en una especie de antipsiquiatra. La vuelta de tuerca hacia el thriller erótico exige que todo se aclare, mero entretenimiento y luego nada que pensar. En entrevistas, Soderbergh se muestra satisfecho de trabajar con buenos guionistas y presume de respetar siempre el texto; la verdad es que los guiones que él mismo escribió son superiores a los que dirigió de otros. Sexo, mentiras y video exhibe una capacidad estupenda para el diálogo sutil con niveles psicológicos complejos; incluso el remake que hizo de Solaris, si se mira bien, ya repuesto uno del choque del atentado contra el clásico de Tarkovsky, propone una visión bastante lúgubre de la imposibilidad del amor cuando el narcisismo lleva la delantera. Buen director de actores, concienzudo maestro del ritmo y de los cambio de punto de vista narrativos, desde la conciencia de un personaje a otro, la obra de Soderbergh se ve hueca cuando cede a las convenciones del género comercial. ¿Será posible que este director, cinefotógrafo y productor, peque de pereza para escribir sus propios guiones?  

Comentarios