Reedita el FCE "Los Olmecas", de Jacques Soustelle

martes, 2 de abril de 2013
MÉXICO, D.F. (apro).- Publicado por primera vez en francés en 1979, el libro Los olmecas, del etnólogo y americanista Jacques Soustelle, considerado una obra fundamental para el estudio de esta civilización mesoamericana, ha sido reeditado y puesto nuevamente en circulación por el Fondo de Cultura Económica (FCE). Nacido en Montpellier, Francia, el 3 de febrero de 1912 y fallecido en Neuilly-sur-Seine el 6 de agosto de 1990, Soustelle se dedicó también al estudio de otras culturas prehispánicas. Como discípulo de Paul Rivet estudió la vida de los lacandones y la civilización maya en el mundo contemporáneo. Con su esposa, la también etnóloga Georgette Soustelle, investigó la cultura otomí, escribieron juntos la tesis Mexique, terre indienne, publicada en 1937. El también autor de La vida cotidiana de los aztecas, editado igualmente por el FCE, “traza el perfil de los olmecas, mostrando sus orígenes y describiendo su cultura, al tiempo que señala su influencia en otras civilizaciones prehispánicas, más afortunadas, cuya presencia todavía tenemos entre nosotros”, se lee en la presentación hecha por el Fondo. Para Soustelle, quien impartió cursos de arqueología y sociología de México en la Universidad de La Sorbona y en el Instituto de Altos Estudios de América Latina, así como se ha comparado a otras culturas mesoamericanas con las occidentales, los olmecas son como los sumerios: “…largo tiempo desconocidos… precursores… hundidos bajo los escombros… y ocultos a nuestros ojos por los vestigios de los pueblos que les han sucedido…” Divide su obra en nueve capítulos: El descubrimiento de los olmecas, El corazón del mundo olmeca, La expansión olmeca hacia el Altiplano central de México, Rocas esculpidas y cavernas pintadas: la expansión olmeca hacia el Pacífico; La expansión olmeca: los valles de Oaxaca; La expansión olmeca: el sudeste de México y la América Central; ¿Un “imperio olmeca”? Algunos rasgos de la vida olmeca, y El tiempo, los dioses: simbolismo y escritura. Y comienza su estudio al evocar que la revelación sobre la civilización olmeca la hizo “un simple viajero mexicano, explorador de las selvas y aficionado a las antigüedades”: José María Melgar y Serrano, quien “encontrándose en 1862 en la región de San Andrés Tuxtla (estado de Veracruz), se enteró de que habían descubierto en un lugar llamado Hueyapan, un enorme monolito esculpido en forma de cabeza humana”. Y siete años después publicó la noticia en el boletín de la Sociedad Mexicana de Geografía y de Estadística. El hallazgo, como muchos otros en la historia de la arqueología, lo hizo un trabajador de una hacienda azucarera. Vendrían ya luego los estudios, más académicos, del arqueólogo mexicano Alfredo Chavero en 1886, Marshall H. Saville en 1900 y el mexicanista alemán Eduard Seler en 1905, pero posteriormente durante más de un cuarto de siglo no se volvió a escribir sobre la escultura. Y Soustelle enumera en el inicio a los diferentes investigadores que se han dedicado a los olmecas, incluido George V. Vaillant (La civilización azteca), el primero en establecer la existencia de ‘un complejo olmeca’. El autor juega con la idea de que los olmecas pudieron constituir un imperio a la manera de la cultura azteca pero descarta que hayan establecido un poderío militar similar pues en sus representaciones escultóricas no se encuentran hombres armados a menos que se trate de dioses, pero en todo caso, dice, se trata entonces de escenas religiosas, no militares. Aunque sí define que la sociedad olmeca debió ser jerarquizada y autoritaria. En la escala más baja la población rural, sometida al tributo y en la cumbre seguramente los sacerdotes, urbanistas arquitectos, comerciantes y quizá dignatarios militares. Soustelle aborda diferentes aspectos a lo largo del libro y cita al final la vasta bibliografía en la cual basó su estudio. Es de llamar la atención que buena parte son autores extranjeros como Pierre Agrinier, Claude Baudez, Michael Coe, Nicholas Hellmuth, Walter Krichkeberg, Robert Lister, Lee A. Parsons, y mexicanos como Ignacio Bernal, Beatriz de la Fuente, Román Piña Chan y Beatriz Barba, Alfredo Chavero, Miguel Covarrubias, Wigberto Jiménez Moreno, Ignacio Marquina, Alfonso Medellín Zenil y Enrique Juan Palacios, entre otros. El investigador resume el peso de esta civilización: “Con los olmecas, captamos al paso la mutación decisiva que hizo de México y de Mesoamérica una zona de alta presión cultural… El México precortesiano no habría sido lo que fue --y aún el México del siglo XX no sería lo que es-- si esos hombres de antaño no hubiesen empezado a erigir sus estelas y a esculpir sus bajorrelieves en las profundidades de las selvas tórridas hace más de tres mil años”.

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